ITALIA El Movimiento 5 Estrellas intenta convencer al PD

Afines y detractores de Renzi, divididos sobre el rumbo de las negociaciones
El Movimiento 5 Estrellas intenta convencer al PD
Luigi Di Maio, líder del Movimiento 5 Estrellas, con el fundador del partido, Beppe Grillo

El domingo significó el fin del sistema político que había imperado en el último cuarto de siglo en Italia. Dos nuevos jugadores en el tablero, el Movimiento 5 Estrellas (M5E) y la Liga, lo han enterrado. La victoria del populismo obliga a las fuerzas tradicionales a reciclarse.

El primero que va a tener que decidir es el Partido Demócrata (PD), que en los últimos cinco años se ha hecho cargo del gobierno. Su derrota clara, con sólo el 18,7% del electorado, les expulsa del liderazgo. Si finalmente se logra llevar a cabo, el futuro gobierno deberá pasar por fuerza por el M5E de Luigi Di Maio, quien ahora intenta convencer a rebeldes del PD para llegar al palacio Chigi. El movimiento tiene lógica porque comparten bases: un tercio de los votantes del centroizquierda se ha pasado a losgrillini.

“En el PD podría haber gente realmente tentada con este discurso colaboracionista, pero el obstáculo es Matteo Renzi”, explica el cronista político de La Stampa Jacopo Iacoboni, especializado en el M5E.

Los fieles al florentino no apoyarán a quienes les han desprestigiado durante años

Silvio Berlusconi y Matteo Salvini, poco antes de que se celebrasen las elecciones legislativas de marzo 2018.

El hasta ahora secretario general del PD ha dimitido por el fiasco electoral pero no sin antes dejar atado de manos el centroizquierda. Renzi ha dado la orden de convocar un congreso para elegir al próximo líder, pero no se celebrará hasta que se haya formado el nuevo ejecutivo. El día 12 habrá una reunión de la cúpula que dejará sentenciadas las dos almas que dividen la formación.

Por un lado se encuentran los fieles al florentino, que de ningún modo apoyarán a un partido antisistema que en los últimos años se ha dedicado a tejer una campaña de desprestigio hacia ellos. Les han llamado ladrones, masones, mafiosos, e incluso colgaron una foto de un cerdo junto a la de un diputado judío en un grupo de Facebook, recuerda Iacoboni. El propio Di Maio dijo que el PD estaba muerto al cancelar un debate con Renzi en televisión. “Hemos dicho no al gobierno con extremistas y no hemos cambiado de idea”, veta Renzi.

Por otro, se encuentran los que se creen la reconversión moderada de Di Maio. Aunque nadie ha alzado la voz, algunos ya hablan de una escisión considerada como el partido de Mattarella –por el presidente de la República– que estaría dispuesta a ayudar a los grillini para garantizar la gobernabilidad. Entre ellos se podrían llegar a encontrar el mismo primer ministro, Paolo Gentiloni, que ayer aplaudió la decisión del ministro de Desarrollo Económico, Carlo Calenda –crítico a veces con Renzi–, de unirse al PD para “levantarlo”. El presidente del Piamonte, Sergio Chiamparino, ha dicho que no quiere vetos.

Lo que está claro es que aunque Di Maio logre seducir a una minoría del PD, tiene muy difícil la investidura. En la Cámara de Diputados le faltan casi 100 escaños y el centroizquierda anoche –sin haberse cerrado el escrutinio– tenía 112. Además, aunque ahora el M5E está haciendo el esfuerzo de presentarse como de izquierdas, chocaría con algunas propuestas como la de frenar los rescates en el Mediterráneo. Tampoco le bastan los 14 escaños de los izquierdistas Libres e Iguales, que están dispuestos a colaborar.

Ahora se abre un proceso de conversaciones bajo mano que puede alargarse semanas y todos los ojos están puestos en Mattarella, que parece que preferirá ir despacio pero con pasos ciertos. El presidente de la República no tendría en principio aversión por Di Maio, según Iacoboni. “No tiene prejuicios contra nadie, él quiere asegurarse de que se forme un gobierno”, cuenta. El joven grillino hizo hasta el esfuerzo de presentarle su equipo de ministros… antes de las elecciones.

Tensión racial en Florencia

La comunidad senegalesa se manifestó ayer en Florencia para protestar por el asesinato de Diene, un inmigrante de 54 años con permiso de residencia, a manos de un italiano. Sucedió el domingo, cuando Roberto Pirrone le disparó en el puente Vespucci de la capital toscana. Los senegaleses tachan el crimen de ataque racista, pero el fiscal Giuseppe Creazzo lo ha descartado. Según la Fiscalía, Pirrone es un hombre acorralado por problemas económicos, “que debía 30.000 euros que provocaban riñas con su mujer”. El asesino quería suicidarse, no tuvo valor y acabó disparando al primero que pasaba para ir a la cárcel y no tener que volver a casa, dice la investigación. Estas explicaciones no convencen a su comunidad, que ayer marchó en la ciudad toscana para clamar justicia. Cerca de 300 personas protestaron con mucha presencia policial y mediática y en algunos momentos hubo tensión y violencia contra los antidisturbios y los periodistas que cubrían el suceso. El alcalde, Dario Nardella, acudió para poner paz pero se marchó rápidamente al ser insultado.

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