“El Loro” no disfrutará sus PUTAS celestiales, porque fue ateo confeso

Por las calles de Bucaramanga circuló desde los años juveniles hasta sus 96 años de edad el abogado y escritor Jaime Álvarez Gutiérrez, natural de San Gil, ex personero de la capital de Santander en 1965, autor de varias novelas y textos de historia, algunos de los cuales como “Carta al Rey de España”, fueron enviados a consideración de la Academia Sueca, para aspirar al Premio Nobel de Literatura.

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Un cáncer acabó con la vida del escritor,  en una clínica de Bucaramanga.

La noticia fue confirmada por sus familiares

El escritor oriundo de San Gil, fue reconocido por sus obras “Las putas también van al cielo”, Carta al Rey, La Cruz Trenca y la Bitácora de la Sirena, entre otros.

Estaba casado con la exnotaria Olga Galvis, quien le financió su vida bohemia

Entre sus obras famosas figura la historia del General Rafael Uribe Uribe, inducido por sus copartidarios de Piedecuesta a tomar las armas contra el gobierno del General Rafael Reyes, derrotado en la batalla de Palonegro por las tropas del General Próspero Pinzón en 1902. Escribió un polémico libro titulado “Las Putas también van al cielo”, que hace la apología del oficio más antiguo del mundo; “La Cruz Trenca” y “La Bitácora de la Sirena”.

En su sello editorial ‘La Cabramocha’, el santandereano publicó además una investigación en la que invirtió 36 años de su vida: Los Guanes con el código, las claves, los glifos y la revelación de su increíble calendario.

Gutiérrez también era conocido por el uso del color blanco en su vestimenta, de pies a cabeza, que lució durante toda su carrera artística.

Su trabajo de investigación para descubrir el Código de los Indios Guanes y su increíble calendario, queda para la posteridad como una obra de alto valor científico.

Era un eximio conversador que se sentaba en largas tertulias, con un grupo de amigos en los centros comerciales del sector de Cabecera del Llano, en el oriente de Bucaramanga. Siempre dijo que Gabriel García Márquez y Laura Restrepo habían plagiado algunos de sus textos.

“El Loro”, como le decían cariñosamente sus amigos, reunió un inventario de mil doscientas obras de literatura, historia, geografía y textos de estudio de alto valor científico, que varias veces puso a consideración de la oficina de cultura de la gobernación de Santander, para que fueran compiladas y publicadas, como patrimonio intelectual de los santandereanos.

Con la Academia de Historia de Santander mantuvo una fuerte rivalidad, por habérsele negado su derecho legítimo a formar parte de esa institución.  Por voluntad de su familia fue sepultado en el más absoluto anonimato, dejando entre sus amigos y seguidores el lamento de su dolorosa partida. Murió de cáncer, una enfermedad de la piel contra la cual luchó durante muchos años.

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