La chucureña Luisa Delia Piña López, una luchadora popular

“He luchado muchas batallas y he logrado cosas pero la victoria siempre está inconclusa, por eso hay que seguir luchando como pueblo”

San Vicente de Chucurí, 22 de diciembre de 1921 – Barrancabermeja, 13 de mayo del 2005

Foto: De izq. a Derecha: Diego Montaña Cuéllar, Luisa Piña, Camilo Torres Restrepo, Pedro Ardila Beltrán y otros. Barrancabermeja: Restaurante El Bosque, 24 de julio de 1965. Cortesía de Luis Monsalve Piña. 

Luisa fue la mayor de cinco hijos. Su padre fue Tomás Piña, nacido en El Hato-Santander y su madre Rosalina López, nacida en Simacota-Santander. Desde los cinco años mostró interés por el estudio, ya que vivían frente a una escuela y observaba que entraban niñas a estudiar. La mamá la sacaba de la escuela y ella volvía y se entraba, hasta que por fin logró que le consiguieran un cajón y, por ser pequeña y menor de siete años, la sentaron junto a la profesora en calidad de asistente. Estuvo inconforme porque la maestra no la tenía en cuenta, ni le enseñaba, ni le preguntaba, ni la pasaba al tablero, pero como ella asimiló rápido las letras y la profesora le aceptó como una estudiante más.

Esta experiencia, primera batalla que ganó a su padre, la marcó para seguir estudiando. Su madre quería que estudiara. Su padre pensaba que las mujeres debían aprender a cocinar y los hombres a tirar la “burra” o sea el azadón. Sin embargo, solo llegó hasta cuarto primaria, porque su padre no estaba de acuerdo que ella continuara, ya que no había con qué mantener a la familia; por eso fue que desde los diez años comenzó a trabajar en un puesto “espasando” café.

En 1938, a sus dieciséis años le tocó contraer matrimonio con Luis Alejandro Riveros, se unió con rabia, porque su papá la obligó a casarse diciendo que tenía que vivir con él, que ese hombre era bueno y sería su marido o ninguno. De esa primera relación tuvo siete hijos, el último se murió cuando tenía dos años. Los hijos nacieron uno tras otro. Riveros como padre fue responsable y cariñoso, pero no como esposo. Pusieron una venta en la plaza; él traía las frutas y verduras y ella, las vendía. Lograron tener una casa y el negocio estaba bien parado, por las buenas ventas.

Foto: De izq. a Derecha. Toribia de Ibañez, Luisa Piña, Isabel Restrepo (madre de Camilo), Luis Monsalve y Carlota Cuéllar. Barrancabermeja: Barrio Galán, 15 de febrero de 1969.

Un hecho importante de su vida social y rebelde, fue cuando tenía diecisiete años. La señora Elena Sánchez de Chaparro nunca olvida la protesta liderada por ella, en la plaza de San Vicente, porque la Alcaldía inició a cobrar impuestos y a sacar del mercado a un sector de los vendedores de frutas y verduras. Luisa consideró injusto dicho cobro a los humildes campesinos (as), con este hecho de solidaridad y fraternidad con la clase popular, la bautizaron “La Manuela”. Apelativo que la marcó para sus posteriores luchas sociales y políticas en Barrancabermeja. Con esta experiencia de luchas podemos afirmar que Luisa, llevaba interiorizada practicando la frase de Simone de Beauvoir “La mujer no nace, se hace”. Porque ella, en sus acciones iba construyendo su identidad, que está basada en su dignidad de ser mujer rebelde con causa, para hacer respetar sus derechos.

El asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948, fue doloroso porque consideraba que él era el hombre que podía cambiar la realidad injusta. Cuando iba a la plaza leía el periódico La Jornada, del caudillo Gaitán, donde se encontró con ideas como “que el rico sea menos rico y el pobre menos pobre”, que “el hambre no tenía color político”, que él “no era un hombre sino un pueblo”. Esa admiración e influencia por Gaitán, la adquirió desde su niñez porque su padre era gaitanista. Después la guerrilla de Rafael Rangel Gómez se tomó a San Vicente de Chucurí el 27 de noviembre de 1949, este hecho motivó para que los conservadores y siendo Alcalde Militar José Joaquín Matallana, comenzaran a perseguir a todos a aquellos liberales gaitanistas y simpatizantes del Movimiento Rangelista. Muchas familias se vieron obligadas, por la violencia, a salir del municipio; entre ellas la de Luisa que tuvo que desplazarse, en diciembre de 1949, hacia Barrancabermeja, donde compraron un negocio frente a la Casa de Mercado Central.

Hizo amistad con liberales, entre ellos con Luis Ramírez y José Domingo Roa. Iba a la cárcel a llevarles comida a los presos políticos. Por esos compromisos activos y transgrediendo el confinamiento a la esfera doméstica, Luisa encaró los problemas con su marido, porque él le prohibió rotundamente seguir haciendo este tipo de solidaridad. Ella se negó, y con las peleas vino la separación, quedando ella con la custodia de los hijos.

En la plaza de mercado se conoció con Luis Felipe Monsalve, quien había venido de Cabrera-Santander huyendo de la violencia partidista. Pronto consiguió trabajo en la Tropical Oil Company y consolidó su amistad al fragor del compartir sus luchas y tragedias, hasta que lo convirtió en su segundo esposo. Esta nueva relación sentimental le cambió la vida porque fue un compañero, según sus palabras, “bueno, humano y colaborador en las luchas y batallas”. Cualidades que para la época, superaban la historia cultural del machismo arraigado en los obreros petroleros. Su mejor amigo, Misael Garzón, fue solidario cediéndole una parte de su casa para que pernoctara con ella y sus seis hijos. De esa segunda unión nació, en 1954, su último y único hijo, Luis Francisco Monsalve Piña.

En la década del 50’ del siglo pasado, Luisa inició su carrera política con el partido Liberal y simultáneamente colaboró a formar el Movimiento Rangelista Liberal de Santander, que seguía la ideología política del dirigente Rafael Rangel Gómez. Cuando se presentó la amnistía del general Gustavo Rojas Pinilla, como intento de búsqueda de reconciliación a la oferta por la paz por dicho régimen militar, se empieza a producir la entrega de las diferentes guerrillas liberales, entre ellas la de Rangel. Él aprovechó para entregarse al Capitán Cerón el 3 de agosto de 1953, con un poco más de cien hombres en el sitio Mata de Plátano en la región del Opón, cerca de Barrancabermeja. En su discurso hizo llorar a sus combatientes de alegría y tristeza por la separación de la guerrilla, en el Barrio Palmira, lo recibieron con mucha gente a conocerlo y le prepararon unas ollas comunales. Luisa guardó con orgullo la fiel copia de la carta original de las palabras que pronunció Rangel el día de la entrega. La epístola termina así: “Ser firmes en nuestras ideas Liberales es la mejor promesa que pueden hacer al separarse de mi lado, y al enrumbar en esta nueva vida. Al separarse el pesar amarga mi corazón, pero mi mente estará siempre con Ustedes”.

En el gobierno de la dictadura de Rojas Pinilla, paradójicamente se le otorgó el reconocimiento al voto de la mujer en Colombia, en 1954, derecho que se estrenó en el plebiscito de 1957. Este hecho importante aunque no fue una transformación radical de la sociedad, si les permitió que las mujeres iniciaran a incorporarse a la participación política y económica. Luisa utilizó muy bien en Barrancabermeja este derecho al voto, porque el significado que tuvo fue “sentirse con el derecho a ejercer como ciudadana, dentro de un plano más legal, ya no a escondidas”.

En 1960 al crearse el Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), Rafael Rangel se unió a este movimiento y Luisa fue elegida, primera mujer militante como integrante del Directorio Municipal. En el Movimiento Rangelista, ella lideró la propuesta de llevarlo a la Cámara de Representantes. Él aceptó y se vino para Barrancabermeja a trabajar en su movimiento siendo Luisa nombrada tesorera. Durante las giras políticas por el departamento fueron bien recibidos, donde llegaban era acogido en hombros. Hasta tuvo apoyo de los liberales como Alfonso Gómez Gómez y José Manuel Arias Carrizosa, quienes le hicieron un homenaje en Bucaramanga. Con ese trabajo político al lado de Luisa Piña, logró ser elegido Representante a la Cámara, pero con tan mala suerte fallece el 23 de junio de 1960, casi un mes de posesionarse, víctima de una peritonitis.

Barrancabermeja en la década de los años 60’, vivió tres hechos históricos importantes desde el punto de vista político y social. El primer paro cívico, durante los días 20-21 de mayo de 1963; la primera huelga contra Ecopetrol, desde el 19 de julio al 30 de agosto y el 24 de julio de 1965   con la visita de Camilo Torres Restrepo al Municipio. En este contexto Luisa, juega un papel determinante participando activamente como protagonista en los mencionados hechos.

El 19 de mayo de 1963, la Comisión de Organización del Centro Cívico de Barrancabermeja, convocado por los Gremios locales y la Liga Internacional por un Mundo Mejor (LIPM) involucró a la movilización a los sectores populares representados por Carlos Tarazona, Libardo Mora Toro, Ramón Carrascal y Luisa fue nombrada por unanimidad Capitana de todas las mujeres, que estuvieran colaborando en la realización del paro cívico. Reconocimiento digno por ser dirigente popular, asumiendo con altura la buena organización y con el apoyo de las mujeres de Provivienda, interviniendo en el bloqueo de carreteras, tendiéndose junto con otras mujeres y niños en la carrilera para impedir el paso de los trenes, enfrentándose a los “tigres” del ejército, que atacaban con gases lacrimógenos y con armas a los manifestantes. El objetivo del paro, era por los pésimos servicios públicos del agua, luz, servicio médicos, apertura del Hospital San Rafael y transporte.

Meses después se presenta la primera huelga de la USO contra Ecopetrol, Luisa continúa participando en forma activa en la huelga que duró 43 días, junto con las mujeres de los huelguistas, impidiendo la entrada de los esquiroles a los sitios de trabajo, trayendo comidas que daban los campesinos, haciendo sancochos en La Cancha Shanonn para alimentar a los obreros en paro. Así se pudo mantener la huelga.

Luisa en los años de 1964 y 1965, fue elegida concejala por el Movimiento Revolucionario Liberal de la Línea Dura. Los concejales la apodaron la “Bomba Piña”, por la gran simpatía con los compañeros de la USO y no la invitaban a las sesiones. A pesar del peso de las maquinarias y las manipulaciones en el Concejo, pudo lograr una labor en defensa de los trabajadores y de los habitantes humildes de la región.

El 24 de julio de 1965, con el nacimiento del Movimiento Frente Unido, Camilo Torres Restrepo hizo su arribo a Barrancabermeja y Luisa fue a recibirlo al aeropuerto. Ella nunca olvidó esa experiencia, porque “no se había visto en la historia de Barranca una manifestación tan grandiosa como ésta y el pueblo emocionado gritaba ¡Viva Camilo Torres!, ¡Viva el pueblo de Barranca! Era una sola voz”. La USO, invitó a una cena de recibimiento en el restaurante El Bosque (véase foto).

 

Foto: De izq. a Derecha: Diego Montaña Cuéllar, Luisa Piña, Camilo Torres Restrepo, Pedro Ardila Beltrán y otros. Barrancabermeja: Restaurante El Bosque, 24 de julio de 1965. Cortesía de Luis Monsalve Piña.

Tres años después, el 15 de febrero de 1969, cuando Camilo cumplía tres años de muerto, Pedro Ardila junto con Luisa, invitan a Isabel, madre de Camilo a Barranca. Otros hechos de trascendencia fue que cuando se construyó el barrio Galán, con unos compañeros, trataron de nombrarlo barrio “Camilo Torres Restrepo”, pero no se logró (véase foto). Con toda la militancia a flor de piel, el 29 de junio del mismo año, fue detenida acusada de ser enlace de Ricardo Lara Parada, jefe insurgente del Ejército de Liberación Nacional, E.L.N., pagando por estos infundios tres meses de cárcel y siendo liberada por falta de pruebas.

Foto: De izq. a Derecha. Toribia de Ibañez, Luisa Piña, Isabel Restrepo (madre de Camilo), Luis Monsalve y Carlota Cuéllar. Barrancabermeja: Barrio Galán, 15 de febrero de 1969. Cortesía de Luis Monsalve Piña. 

Durante los años 70 y 80, estuvo en el fragor de las luchas de los paros cívicos y huelgas. Haciendo sancochos comunales y participando en las marchas. En 1986, a los 20 años de la muerte de Camilo Torres, Luisa Piña dice con orgullo que contribuyó echando cemento, para inaugurar erigiendo un pedestal en honor al Cura en el parque que lleva su nombre.

Su hijo Luis Monsalve recuerda como una paradoja de la vida que: “Doña Luisa Piña a pesar de no gustar de los gringos, todos los días se tomaba cuatro Coca-Colas”.

“La Tía” como toda la comunidad en general la conocía, siguió atendiendo hasta el final de su vida su pequeño negocio en la Plaza de Mercado Torcoroma en Barrancabermeja. En una entrevista dijo: “Quiero, antes de morirme ver un final donde las mujeres sean triunfantes y levanten la bandera de la revolución de un pueblo”. Falleció el 13 de mayo del 2005 en su querida Barrancabermeja. Dejando un gran legado político y de servicio a la comunidad, de ejemplo para las generaciones pasadas y venideras.

Fuentes: Martha Arenas Obregón. Cerrando Fronteras. Historias contadas del Magdalena Medio. Barrancabermeja: PDPMM, 1999. El Yariguí N°13. Periódico de San Vicente de Chucurí, noviembre 2004. Juanita Barreto. “Luisa Delia Piña”. En Otras Palabras N°7. Bogotá: UN, enero-junio 2000. Renán Vega Cantor y otros. Petróleo y protesta obrera. En tiempos de Ecopetrol, Vol: 2. Bogotá: Corporación Aury Sara, 2009 y Jesús González Torres. Las Mujeres en la Historia de Barrancabermeja. 2014, Inédito.

Rafael Velásquez Rodríguez. Profesor de la I. E. El Castillo de las áreas de Filosofía y Sociales.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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