La mayor excavación arqueológica arroja luz sobre los Muiscas

Un grupo 200 expertos analiza 15 toneladas de vestigios extraidos en un yacimiento a las afueras de Bogotá

En Soacha, a las afueras de Bogotá, se ha realizado la excavación arqueológica más grande del país en la historia. Durante cuatro años, 60 arqueólogos con la ayuda de 140 auxiliares de campo han analizado tres hectáreas de terreno donde vivieron desde el 400 a. C. hasta el año 1400, justo antes de la colonia, los muiscas. Esta civilización indígena procedente de Centroamérica se instaló en las regiones andinas de Cundinamarca y Boyacá y “fue evolucionando a lo largo del tiempo en esta zona”, explica Tatiana Santa, coordinadora de arqueología de Inerco, la consultora responsable del proyecto.

El hallazgo de esta terraza se produjo en 2011. Codensa, empresa eléctrica colombiana, solicitó el permiso al Ministerio de Minas para construir la subestación de alta tensión Nueva Esperanza y así suministrar energía a parte de la ciudad de Bogotá y la zona centro-oriente de Colombia. “Además de la licencia, realizamos un estudio de impacto ambiental y arqueológico que fue analizado por el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (Icanh)”, explica David Felipe Acosta, gerente general de la compañía. A través de análisis de la tierra en los que se encontraron piezas cerámicas y estudios de georradar que desvelaron tumbas con restos humanos, se concluyó que había que recuperar todo el material en la zona antes de empezar con la obra eléctrica. De manera paralela, la Empresa de Servicios Públicos de Medellín realizó el mismo proceso. Su grupo trabajó en otra parte del terreno, sumando más de siete hectáreas de excavación.

Una de las piezas encontradas durante las excavaciones.
Una de las piezas encontradas durante las excavaciones. 

El trabajo comenzó en 2013 con un equipo de especialistas contratado por Codensa, una inversión de 10.500 millones de pesos (unos 3.500.000 de dólares) y un plan de trabajo aprobado por el Icanh. Hasta 2015, el equipo de Tatiana Santa ha excavado 15.500 metros cúbicos de tierra de los que han sacado 15 toneladas de vestigios. “Hemos hallado vasijas, ollas, platos, copas, figuras antropomorfas y zoomorfas; también herramientas elaboradas en piedra”, relata la antropóloga. “Hemos recuperado restos óseos pertenecientes a 612 individuos, de los cuales hay 88 piezas completas”.

Todo este material se analiza ahora por 10 arqueólogos en un laboratorio. A final de año, se publicará un informe, avalado por el Icanh, con el que Santa espera aportar nuevos datos sobre una cultura que pobló el centro del país durante siglos antes de la llegada de los españoles. “Al ser un área tan amplia, ayuda a la investigación y permite tener conclusiones más certeras de la población”, apunta la arqueóloga.

Por el momento, Santa adelanta que ya tienen información inédita sobre los períodos muisca temprano, tardío y herrera, los tres períodos en los que esta comunidad se desarrolló. “Se ha comprobado que este pueblo realizaba intercambios comerciales con el Pacífico y el Caribe por los restos de conchas y de pieza del Valle del Cauca encontradas”, cuenta Acosta.

Cerca de esta excavación, situada en las proximidades del Salto del Tequendama, hay otros yacimientos de este pueblo prehispánico como el de Galindo o La Laguna de la Herrera, que da nombre a esta cultura. En las inmediaciones también hay otros vestigios anteriores de sociedades cazadoras-recolectoras como el de Aguazuque o los abrigos rocosos del Tequendama, donde se han encontrado los restos humanos más antiguos de Colombia.

Un grupo de especialista busca vestigios de la civilización muisca a las afueras de Bogotá, Colombia.

Cuando se publique el informe final, el Icanh analizará qué material puede exponerse en un museo. La selección podrá verse en la localidad de Soacha en una muestra que pretende ser una iniciativa conjunta de la alcaldía, el equipo formado por Condensa y el Instituto colombiano de Antropología e Historia. Mientras tanto, en Nueva Esperanza, sobre las tierras que poblaron los muiscas funciona ahora una subestación eléctrica. “Una vez se extraen las piezas, lo que queda es el hueco, por eso se permitió que se terminara la obra inicial”, aclara Santa.

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