Gustavo Pinilla Díaz creador de “Papi Quiero Piña”, lugar emblemático de los santandereanos, ahora solo en sus mentes

Durante 45 años don Gustavo Pinilla Díaz logró sacar adelante a sus 11 hijos con la venta de piña, en un punto que luego se volvió uno de los referentes del área metropolitana de Bucaramanga.

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Antes de que desapareciera el sector conocido como Papi Quiero Piña, las autoridades de Floridablanca condecoró a este hombre quien ya tiene 36 nietos y 23 bisnietos.

Don Gustavo y su esposa Mariela han compartido 64 años de vida matrimonial.

Con el negocio a la intemperie, Gustavo Pinilla recibió ayuda de la Policía de Carabineros, que le regaló una sombrilla, y del mismo Gerardo Díaz, quien le montó una caseta.

Con el tiempo, Don Gustavo adecuó la infraestructura con servicios públicos, lo legalizó inscribiéndolo en la Cámara de Comercio y, además de su caseta, les montó otras dos a sus hijos, todas con el mismo nombre, que con el tiempo cobijó todo el sector.

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Hoy es  un momento coyuntural porque avanzan las obras del nuevo intercambiador que obligó a la demolición de las casetas y la desaparición de la terminal de transportes del lugar.

Desde hace dos meses, con la repavimentación de la calle 200 y obras complementarias, arrancaron los trabajos previos a la construcción de los dos puentes de tres carriles que reemplazarán al actual, labores que deben estar terminadas en 16 meses y tienen un costo de $39.000 millones.

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Aunque los propietarios de ‘Pare papi quiero piña’, los vendedores ambulantes y Óptima de Colombia (vendedores de tiquetes) están de acuerdo en que la obra es necesaria, piden una reubicación para continuar trabajando, porque este sector y los pasajeros que se mueven a diario son quienes les dan su sustento diario.

Gustavo Pinilla Díaz (fundador de ‘Pare papi quiero piña’)  arrancó con el negocio en 1975, cuando renunció a su trabajo de celador en el centro de Bucaramanga. Con lo que le dieron de liquidación, apuntó Pedro, compró una mesa, un cuchillo, unas piñas y se fue a la vía a crear empresa para sacar adelante a sus 11 hijos.

Obras de intercambiador en Floridablanca

Gustavo se instaló en aquel sector porque para la época funcionaba un peaje, lo que le garantizaba la venta del producto. Gerardo Díaz, propietario de la Ferretería Al Día, fue quien le ayudó a su compañero de colegio Gustavo a construir la caseta del negocio y fue quien lo bautizó como ‘Pare papi quiero piña’.

“Hasta 1982 funcionó el peaje y luego construyeron una glorieta. Con esa obra llegó la primera reubicación del negocio y lo trasladaron cerca al lote del portal de Metrolínea. Para 1990 empezó la construcción del puente actual y ahí fue cuando pasaron a mi papá para el lote donde está actualmente, que fue una cesión que nos hizo en ese entonces la empresa Cementos Diamante hoy Cemex”, apuntó Pedro Pinilla hijo del visionario Gustavo.

Una vez establecido el negocio en el nuevo punto, al que le adecuaron la infraestructura con servicios públicos, Gustavo lo legalizó inscribiéndolo en la Cámara de Comercio y, además de su caseta, les montó otras dos a sus muchachos.

Nosotros no nos oponemos a la obra, al contrario, somos abiertos a facilitarla para la comunidad, pero pedimos que el Estado nos respete los derechos adquiridos durante 43 años

“Nosotros no nos oponemos a la obra, al contrario, somos abiertos a facilitarla para la comunidad, pero pedimos que el Estado nos respete los derechos adquiridos durante 43 años que llevamos ejerciendo la labor comercial. Estamos en negociaciones cordiales y pedimos la compensación por el valor del terreno, la infraestructura del negocio y la afectación comercial”, señaló Pedro.

De las cuatro casetas, precisó Pedro, reciben sus ingresos unas 30 familias, quienes verían afectada su economía si no hay una solución de reubicación.

Resultado de imagen para PAPI QUIERO PIÑA FLORIDABLANCAEn el sector también están unos 12 vendedores ambulantes, quienes trabajan en turnos para que todos puedan vender.

Misael Rangel Carreño, con discapacidad visual, es uno de los ambulantes que pide una reubicación, porque de lo que vende a diario depende su sustento y el de su familia. Como él, también está María Alcira Caballero Jaimes, madre cabeza de familia, quien lleva 16 años vendiendo productos a los viajeros. “Le pedimos al Alcalde que nos tenga en cuenta porque acá es donde trabajamos, que se construya el terminalito que han dicho”, señaló.

Los pasajeros y conductores de buses de servicio intermunicipal también se han empezado a ver afectados, porque la Dirección de Tránsito instaló unas vallas que no permiten que los vehículos paren allí. Y al no haber movimiento de viajeros, esto también redujo las ventas en las casetas.

Vivo en Cañaveral y una carrera hasta ‘Papi quiero piña’ cuesta la mínima, mientras que si voy a la Terminal me sale $4.000 más cara. Entonces me sirve venir acá y por eso pedimos que haya una solución”, dijo Carlos Julio García, un viajero.

Tremendo bandido el Alcalde. Solo sabe robar:

El alcalde de Floridablanca, Héctor Guillermo Mantilla Rueda, fue enfático en que una vez se termine la obra (primer semestre de 2019), en el sector solo quedarán gimnasios al aire libre, bancas y canecas para la basura, para el disfrute de los ciudadanos, pero los negocios y vendedores no volverán. 

Según el contrato, para el proyecto serían talados cerca de 62 árboles por los que se deben reponer 3100 que se ubicarían en diferentes zonas de la ciudad.

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