MOTOGP 2.017. Marc Márquez, tetracampeón del mundo

Marc Márquez, campeón del mundo de MotoGPMarc Márquez no se baja del trono. El piloto de Honda sigue siendo el campeón de MotoGP por segundo año consecutivo y cuarta vez en su carrera después de quedar tercero en un Gran Premio de Valencia que ganó Dani Pedrosa. El de Honda tiró de paciencia y control para frenar su impetuoso pilotaje, que sin embargo no estuvo exento de un susto, salvado nuevamente con maestría, antes de la caída de Andrea Dovizioso, que certificó el título del catalán.

Caerse, volver a caerse y levantarse tantas veces como hiciera falta. Así ha sido el año del de Cervera. Durante dieciocho carreras, Márquez ha tenido que superar numerosos baches para demostrar que su talento es inquebrantable. Ni las 27 caídas que ha sufrido, casi 28 hoy, ni la resistencia de sus rivales, que hasta hace muy poco habían convertido el Mundial en el más igualado en décadas, han podido aplacar la voracidad del de Honda.

Márquez es un genio sin frenos que, a diferencia de sus oponentes, siempre quiere la victoria y a la postre su ambición, por muchos errores que le haya podido provocar, le ha llevado a sumar un nuevo título en un palmarés que ya asoma entre los más grandes del motociclismo con seis títulos mundiales a su espalda.

Márquez es un genio sin frenos que, a diferencia de sus oponentes, siempre quiere la victoria y a la postre su ambición le ha llevado a sumar un nuevo título

Por sorprendente que parezca, está al inicio, con tan sólo 24 años, de lo que amenaza con ser una era de dominio, sin nada ni nadie, hasta la fecha, que puedan impedir el reinado del binomio formado por Márquez y Honda. La precocidad de Márquez supera incluso la trayectoria del más laureado de la historia con ocho entorchados, Giacomo Agostini, o Valentino Rossi, que a su edad aún no tenían la cuarta corona de la categoría reina.

En Valencia, el tetracampeón quiso tirar de inicio para evitar problemas, pero Zarco le persiguió con otras intenciones. El francés le superó a las pocas vueltas ante la bandera blanca de Márquez, que tras mirar atrás no entró en la pelea con el rookie del año. Al catalán le bastó con ver como Dovizioso ocupaba la quinta plaza, a rueda de Lorenzo y con Pedrosa cerrando el momentáneo cajón.Márquez en el gran Premio de Valencia.

Márquez aparcó su valentía para destapar su faceta más calculadora. El escenario era ideal. La referencia de Zarco en cabeza le otorgaba una cómoda posición, con su compañero haciendo de escudero y frenando a las dos Ducati. La casa de las Desmosedici pasó a la acción entonces, aunque de manera desesperada y con pocas opciones de gloria. A Lorenzo le sugirieron de manera insistente el conocido, desde Malasia, “Mapping 8” pero el mallorquín no vio o hizo caso omiso de la nueva configuración.

Los más de dos segundos sobre la cabeza, y los cuatro pilotos por delante, hacían prácticamente imposible la ecuación para el italiano, que sólo podía soñar con el título con la victoria en Valencia. Pero el guión pudo dar un giro inesperado cuando las matemáticas parecían que iban a dictar sentencia.

Márquez no pudo amarrar su esencia y sacó su lado más agresivo cuando vio que Zarco ralentizaba el ritmo

Márquez no pudo amarrar su esencia y sacó su lado más agresivo cuando vio que Zarco ralentizaba el ritmo. Pecó de osado y casi le cuesta un susto mundial. Pasó al francés y en la curva número uno, de las más rápidas del circuito, la Honda quiso perder la verticalidad pero de manera inverosímil, con todo el cuerpo fuera de la moto, salvó la caída, aunque le relegó a la quinta posición.

La tensión del momento dio lugar a la tranquilidad y posteriormente a la felicidad. Una montaña rusa de emociones que acabó cuando Dovizioso se fue a la grava, justo después que Lorenzo, y certificó el campeonato para el catalán. De los cinco candidatos a la victoria, sólo quedaron Pedrosa y Zarco. El de Castellar del Vallés aprovechó el desgaste de los neumáticos blandos del francés para en la última vuelta sellar el triunfo.

Márquez celebrando el título.

Pero los focos ya estaban centrados en Márquez que, ya con el título atado, dejaba muy atrás los días sombríos del curso. Ya no importaba el mal comienzo de temporada en Qatar y Argentina, con un Viñales dominador que parecía el más fuerte de la parrilla. Para entonces tampoco tenía ningún valor aquella mala carrera en Le Mans cuando parecía perder el tren del Mundial con una nueva visita a la grava. Y ni siquiera tenía ningún interés la última decepción de Márquez en Silverstone cuando, contra todo pronóstico rompió el motor de su Honda y echaba por tierra su ventaja al frente del campeonato.Todo ello formaba parte de un pasado que fue engullido por la legendaria trayectoria de un piloto con muchos kilómetros aún por recorrer.

Márquez acompañó el paso por la bandera a cuadros con una sonrisa, la que casi siempre le acompaña y subido a su moto comenzó la celebración. El catalán ha alcanzado la gloria con la temeraria fórmula en motociclismo del ensayo-error-victoria, pero sobre todo amparado en un talento innato que sigue indomable sobre cualquier asfalto, con el horizonte como único límite a sus aspiraciones.

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