“A Pablo Iglesias, los 2 debates televisivos le han puesto cara de candidato y aires de estadista, aunque no vista como tal”: La Vanguardia de Barcelona.

Debate Electoral: ¿Quién fue el ganador del debate?

Pablo Iglesias visitó ayer la redacción y se comportó muy bien. Como visita, un 10. Los dos debates televisivos le han puesto cara de candidato, cara de yerno aceptable y aires de estadista, aunque no vista como un estadista: repite el jersey negro vestido ante las cámaras y un polo rojo.

Los polos hacen yerno.

El candidato ha venido para elaborar una portada –es el cuarto candidato que lo hace– y no para asustar los lectores de su portada, muchos de los cuales son catalanes. Y él lo sabe.

–Muy madrileñísima esa noticia…

La dirección de La Vanguardia empieza a cantarle el menú informativo del día y Mané Espinosa exhibe un surtido de fotografías. El comentario zanja la posibilidad de que la espantá del popular Ángel Garrido a Ciudadanos pueda ser de interés de los lectores catalanes.

Los debates le han sentado bien, tanto como las riñas de la derecha, que le sugieren “promiscuidad”y “amor libre”

Tampoco ve muy clara que la hipotética conquista del título de Liga por parte del FC Barcelona sea motivo de portada porque “tarde o temprano eso va a ocurrir”.

–Yo estoy preocupado por el Rayo…

(Yo también lo estaría: van coleros).

La absolución de Sandro Rosell le llama la atención, pero da la impresión de que el asunto no le había interesado hasta la fecha. Se sorprende de que la noticia vaya en Deportes y no en la sección de Política.

–Empezó en Deportes…

Para estas cosas, los periodistas somos muy cumplidores y terminamos las coberturas donde las empezamos.

Los días transcurridos por Sandro Rosell entre rejas le impresionan. ¿643? Y se une a la indignación. Antes de parecer un yerno aceptable, Pablo Iglesias era un azote de delincuentes fiscales –presuntos o no–, a los que llamaba “casta”, y no sé yo si Podemos vio tan mal, en su día, que personas como Rosell ingresasen en prisión condicional.

Hoy, el foco ha pasado a la justicia. Pablo Iglesias se sumará –al final de la elaboración de la portada– al clamor: luz roja a la juez Lamela.

–Aunque no sé yo si poner una luz roja a la justicia en La Vanguardia…

Pablo Iglesias se anima al hablar de la actualidad política. Se le nota satisfecho con los dos debates televisados. Le han sentado bien. Habla, incluso, como si la cosa electoral no fuese con él sino con las peleas de la derecha. Se crece al comenzar a titular en voz alta, aunque habla consigo mismo (esto era muy de los periodistas de la vieja escuela ): “Promiscuidad en la derecha”.

El siguiente titular que le viene a la cabeza es: “Amor libre en la derecha”.

Se frena. Uno ya se temía: “La derecha española, el nuevo club de intercambios que reclamaba Madrid”.

Iglesias recupera el perfil de director de diario y estadista novel cuando expresa que ERC está girando hacia el pragmatismo. Y se dice expectante por saber si también JxCat eligirá –él cree que sí, que ya lo están haciendo– semejante camino. De todas estas reflexiones sale su apertura de portada.

El presidente Donald Trump le salva la fotografía de portada (también sucede en la vida cotidiana: Trump es el líder internacional del que se publican más fotos desde Ronald Reagan). Pablo Iglesias está relajado porque se atreve a sugerir un título a la fotografía de la reunión del presidente de EE.UU., documento en mano, con los jefazos de Twitter en el despacho oval de la Casa Blanca:

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