Colombia. DESCUBREN NUEVA ESPECIE DE “CULEBRA CIEGA” EN EL CARMEN DE CHUCURÍ, Santander

Una nueva especie de Cecilia, un anfibio sin patas llamadas comúnmente “culebra ciega” o “lombrices capitanas”, fue hallada en la Serranía de los Yariguíes (Santander). La última descripción conocida de un organismo de este grupo en Colombia fue hace 50 años.A través de un proceso participativo, los habitantes de la vereda La Belleza – zona donde ocurrió el hallazgo – decidieron nombrar la especie como Caecilia pulchraserrana, que significa Caecilia de la Serranía de la Belleza.Con este hallazgo, en las estribaciones de la Cordillera Oriental, asciende a 33 el número de especies de cecilias descritas en el país, ocho de ellas exclusivas de Colombia, y a 837 la cifra de especies de anfibios reportados en Colombia.El hallazgo ocurrió gracias a la información de un guía local de la vereda La Belleza, del Carmen de Chucurí, y durante una de las expediciones científicas del programa Santander BIO, la cual se concentró en los restos de bosques tropicales húmedos del valle del Magdalena para el estudio de fauna reptiliana y anfibia, en temporada seca.


Las selvas del Carare, como también se le conoce a la zona, fueron trasformadas con actividades ganaderas. Aquellos restos de bosque profundo, hacia la vertiente oriental, fueron ocupados durante años por grupos armados ilegales.


Al respecto de la nueva especie, el investigador del Instituto Humboldt, Andrés Acosta, dijo: “se seleccionó una de las áreas sin explorar más interesantes del departamento y del valle del medio Magdalena que se conserva aún intacta. Allí encontramos una población interesante de cecilias; en total recolectamos 9 en un día, lo cual es poco común pues estos anfibios raros son difíciles de encontrar. Cuando revisamos sus características en las colecciones de referencia del Instituto descubrimos que era una especie nueva, aspecto que no es sorpresivo en áreas sin exploración científica”.


A las cecilias se les considera animales raros, entre otras, porque parecen lombrices grandes pero con huesos, por tal motivo se les incluye en el grupo de vertebrados; son largas y sin patas, por lo que parecen serpientes, aunque no lo son; carecen de escamas y en cambio tienen piel lisa, y húmeda, similar a la de los sapos con quienes están emparentadas al igual que con las ranas y las salamandras. Por ser esquivas, muy pocos las conocen o se las han topado en su vida.


Según se reporta en el artículo publicado en la revista científica de acceso abierto Zookeys, la técnica de recolección utilizada para obtener especímenes de la nueva especie consistió en preguntar primero a los habitantes de la vereda sobre aquellos lugares donde hubiesen visto “culebras ciegas”, “lombrices capitanas” o “motolas” (este último nombre común es específico de Santander).


Los sitios reportados fueron visitados e inspeccionados para seleccionar lugares bajo la sombra de la vegetación – donde el suelo es muy húmedo y no compacto, y especialmente asociados a manantiales de agua, áreas pantanosas contiguas y suelos arenosos negros con altos contenidos en materia orgánica.


Posteriormente, los especímenes de referencia fueron depositados en las Colecciones Biológicas del Instituto Humboldt, en Villa de Leyva (Boyacá) y en la Colección de Anfibios de la Universidad Industrial de Santander para su análisis.


Parte del proceso de estudio, que permitió la descripción de esta especie, incluyó análisis moleculares por medio de secuencias de ADN mitocondrial, junto con tejidos de miembros de todas las familias cecilianas colombianas que no habían sido estudiados y otros grupos neotropicales con el fin de explorar, entre otras, sus relaciones de parentesco.


“Hicimos un trabajo de análisis molecular con tejidos colectados por el Instituto a lo largo de los años y provenientes de varias expediciones recientes, como Colombia BIO, y de las colecciones biológicas antiguas depositadas en la colección de tejidos del Instituto; así reforzamos con evidencia molecular, nuestra primera impresión de que la especie era nueva; además, por primera vez, se utilizaron tejidos de otras cecilias colombianas para la construcción de la filogenia, es decir del origen, formación y desarrollo evolutivo de este anfibio. Fueron ocho meses a toda marcha”, mencionó el investigador Acosta.


Sobre la composición del nombre, el artículo menciona que está formado “a partir del latín pulchra (que significa belleza), y el adjetivo serrana (de la sierra o serranía)”, que hace alusión a la localidad donde fue hallada la especie, y que se ubica en las estribaciones occidentales de la Serranía de Los Yariguíes.


Caecilia pulchraserrana fue elegido en un ejercicio de ciencia ciudadana. Primero, los científicos y algunos habitantes del municipio de El Carmen de Chucurí reunieron una lista de posibles calificativos para la nueva especie que luego se compartió con pobladores locales, quienes votaron y por mayoría eligieron el nombre.


Marjuri Pinzón, investigadora del programa Ciencias Sociales de la Biodiversidad del Instituto Humboldt, precisó que “lo relevante de este ejercicio estuvo en la articulación entre el conocimiento de las personas con las características particulares de su territorio, mismas que quisieron plasmar en el nombre de la especie”, y complementó: “ellas votaron, agradecieron el ejercicio y el involucrarlos en la toma de decisiones sobre la biodiversidad de su territorio. Santander BIO fue, de alguna manera, la oportunidad de reconciliar a las comunidades con su riqueza biológica, aumentando la participación para la generación de conocimiento”.


Y es que Santander BIO tuvo un sólido componente de ciencia participativa desarrollado a través de programas de formación de expedicionarios, que incluyó encuentros previos con actores de la comunidad a nivel veredal, en específico en la zona de influencia donde fue hallada la Cecilia, y ejercicios de diálogo de saberes para la reconstrucción completa del territorio a partir de conocimiento tradicional.


El programa de formación permitió que un grupo de habitantes de la zona visitaran el campamento y convivieran con los investigadores, aprendiendo de metodologías de recolección de información para inventarios de biodiversidad relacionada con anfibios, mamíferos, reptiles, y otros grupos biológicos.


Al respecto del rol ecológico de las cecilias, este sigue en descubrimiento constante. Hasta ahora se sabe que son animales que mueven nutrientes en la tierra e indican la buena salud de un hábitat por su condición de organismos fosoriales, es decir que habitan en el subsuelo y abren túneles.
En cada movimiento, estos anfibios estructuran el suelo, aireándolo y mejorando su aptitud para el desarrollo de plantas, animales, bacterias y hongos. En superficies intervenidas nunca se establecen y, por lo tanto, no es posible hallarlas. “Necesitaremos años para aprender otras cosas sobre estos organismos que son acuáticos, semiacuáticos o terrestres, estos últimos asociados a ambientes de muy alta humedad”, puntualizó Andrés Acosta.
Esta investigación fue apoyada por Santander Bio, proyecto financiado por el Sistema General de Regalías, administrado por el Departamento Nacional de Planeación, ejecutado por la Gobernación de Santander y operado por el Instituto Humboldt y la Universidad Industrial de Santander.

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