En clave Atlántica. La Habana, que nació bajo un árbol hace 500 años tiene alma y ritmo

Desde que llegó a Cuba la primera guitarra en un barco español, y de África, con los esclavos, el primer tambor, comenzó el mestizaje y la influencia mutua. El resultado navegó del nuevo mundo al viejo y regresó después, en un viaje apasionante que dura hasta hoy. Sones, boleros, guarachas, guaguancós… lo mismo da: la música cubana tiene alma y ritmo, componentes que enganchan a todo tipo de público y que por su carácter, y por haber nacido de la mezcla, se acoplan de forma natural a cualquier música, por ejemplo, al flamenco.

Quizás por eso, nada mejor para celebrar los 500 años de la fundación de la ciudad de La Habana que la descarga que tuvo lugar la noche del sábado en el majestuoso Palacio de los Capitanes Generales. En su patio, uno de los más extraordinarios de La Habana colonial y de la arquitectura cubana, se escucharon palos flamencos que se convirtieron en boleros o en puro jazz afrocubano, habaneras de Cádiz cabalgando en tanguillos delirantes en la voz de la cantaora Argentina, rumbas desatadas en las congas y el cajón de dos de los mejores percusionistas de Cuba y España, Adonis y Piraña, o el torrente de voz de la malagueña Genara Cortés en Bésame mucho, algo inaudito.

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