España. Poselecciones. Gran coalición, gran abstención o la alianza de la moción, los 3 escenarios para la investidura


Gran coalición, gran abstención o la alianza de la moción, los tres escenarios para la investidura
El presidente del Gobierno celebra la victoria del PSOE en las elecciones generales (SERGIO PEREZ / Reuters)

La derecha no suma y el PSOE necesitaría a ERC y PNV si se alía con Unidas Podemos y Más País | Casado ve “incompatible” su programa con Pedro Sánchez pero se mantiene a la espera

La repetición de las elecciones generales este 10 de noviembre no ha modificado el tablero político español de forma significativa en la correlación de fuerzas –en el eje izquierda-derecha ni tampoco en la fuerza de los partidos periféricos, que ha aumentado levemente– de cara a futuras alianzas para una investidura y la posterior formación de Gobierno; la asignatura pendiente desde el pasado mes de abril. La foto final –siempre que hablemos de bloques– sería similar a la de hace medio año, aunque los actores hayan cambiado en la derecha con el auge de Vox y el hundimiento de Ciudadanos.

Con este escenario, en adelante persistiría lo que algunos actores políticos han denominado estos últimos meses “bloqueo”, como mínimo a tenor de lo expresado hasta ahora públicamente y movimientos tectónicos imperceptibles aparte. No es una sorpresa, ya se podía entrever desde hace días en los debates, las encuestas y la amalgama de declaraciones de los candidatos. España es ingobernable si nadie da el brazo a torcer y no hay giros de guión en la estrategia marcada.

Si el 28-A el bloque de la derecha –PP, Ciudadanos, Vox y Navarra Suma– contaba con 150 escaños y la izquierda –PSOE y Unidas Podemos– con 165, tras el 10-N los primeros suman 152 asientos en el Congreso de los Diputados y el bloque progresista, al que se añade Más País, ha retrocedido hasta los 158 diputados. La izquierda vuelve a ganar.

El PSOE ha vuelto a ser el triunfador de la noche electoral con 120 diputados, tres menos que en los anteriores comicios, cuando se confrontaba el pacto andaluz de las derechas con el de la moción. Entonces ganó la suma de socialistas, morados y los partidos independentistas de Catalunya y Euskadi que dieron forma a Frankenstein en mayo de 2018, pero en Ferraz rehusaron reeditar la alianza de la moción de censura y depender de ERC para la gobernabilidad. Tras una investidura fallida en julio, que acrecentó la brecha entre Princesa y Ferraz y marcó distancias con el independentismo catalán, se puso en marcha el cronómetro para la repetición electoral y no se volvieron a explorar nuevas vías en el Congreso.

El hemiciclo será parecido al de la anterior legislatura, pero algo se ha movido. En la última cita con las urnas la derecha renegaba de pactos con los socialistas y había vetado a Pedro Sánchez, presidente en funciones, bajo acusaciones de no ser “constitucionalista” y de “felonía”. Ahora tanto el PP como Ciudadanos habían levantado en mayor o menor medida sus vetos al secretario general de los socialistas. Sin embargo, el PSOE insiste en que no pretende implementar una Grosse Koalition en España con los populares, una de las advertencias que ha lanzado Pablo Iglesias a lo largo de la campaña, y la suma de socialistas y naranjas, antes suficiente, es irrelevante.

Pese a que PP y Ciudadanos suavizaron el tono hace semanas y levantaron los vetos a Sánchez, el líder de los populares, Pablo Casado, ya avisó este domingo por la noche de “incompatibilidades” de su programa con el actual jefe del Ejecutivo en funciones y hablaba de poner en marcha “su alternativa” y “ejercer su responsabilidad”. De todas maneras, el líder de los populares dio pie a la ambigüedad cuando explicó se mantenía a la espera de una reunión con el secretario general del PSOE, quien pidió “generosidad para desbloquear la situación política en España” en su intervención desde su cuartel general. “Esta vez sí o sí vamos a conseguir un Gobierno progresista”, prometió Sánchez ante sus bases, las que coreaban “¡con Rivera, no!” en abril.

Con este panorama, el PSOE necesitaría a ERC y a PNV si busca pactos para la investidura a su izquierda, con Iglesias e Íñigo Errejón; lo más lógico si quiere configurar un Ejecutivo de corte “progresista”.

Otra opción para resistir en Moncloa, más complicada, sería una abstención generalizada que permita a Sánchez formar un Consejo de Ministros monocolor –lo que ha perseguido desde la convocatoria electoral en febrero del año pasado– y que haya geometría variable de cara a legislar y a aprobar la ley más importante para cualquier Gobierno, los Presupuestos Generales del Estado.

En caso de buscar la difícil abstención de los populares y de la mermada formación naranja, el presidente en funciones necesitaría también a Más País, el Partido Regional Cántabro y a Coalición Canaria o algún partido del bloque de los independentistas como el PNV que se abstenga. Una casuística compleja. Además, falta por ver qué rol juega Teruel Existe en la Cámara Baja más allá de dar voz a las reivindicaciones de la “España vaciada”. Con todo, la situación sería inestable para el Ejecutivo socialista.

En estos comicios, lo más significativo ha ocurrido en el seno de la derecha, con la escalada de Vox hasta los 52 escaños, festejada por la extrema derecha Europea, y el hundimiento de Ciudadanos, que sólo hace medio año amenazaba la primacía del PP en su espectro político y ahora apenas cuenta con 10 representantes.

También los populares han sacado rédito de la repetición electoral, mejorando los guarismos del 28-A, pero todavía muy por debajo de los resultados que la formación tuvo en el anterior ciclo electoral con Mariano Rajoy al frente. En la izquierda, el PSOE ha perdido tres escaños y UP y sus confluencias, siete.

El independentismo y los nacionalistas periféricos han ganado escaños con la entrada del BNG y la CUP y los mejores resultados de PNV y EH Bildu en Euskadi y JxCatERC ha vuelto a ganar en Catalunya, pero se ha dejado dos escaños por el camino. Con todo, estas formaciones podrían volver a marcar la gobernabilidad con sus 36 escaños en global si finalmente el PSOE se acercara a UP, un escenario que a la luz de los últimos acontecimientos parece inverosímil a día de hoy. Pero nada es imposible. Iglesias ya abogaba el domingo por la mañana por enterrar los “reproches” de campaña –y de los últimos meses, seguramente– y trabajar para la coalición que Sánchez hasta ahora ha rechazado, llegando a decir que “no dormiría tranquilo” si se hubiera consumado en julio.

Tras cuatro citas electorales en menos de cuatro años se constata que el bipartidismo resiste más o menos bien, aunque lejos de las grandes mayorías del pasado, y que las formaciones de nuevo cuño tienen más dificultades para mantener la lealtad de sus votantes.

Pero la mala salud de hierro de PP y PSOE no basta para la gobernabilidad y el bipartidismo tradicional ha dado pie a lo que ya se ha bautizado como “bibloquismo” que viene a ocupar una misma función. Falta que los protagonistas lo asimilen y los pactos, hasta ahora difíciles, fluyan. Es la segunda vez que España repite elecciones en este lustro.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *