Lunes, 27, 2017
   
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Federer gano el Basilea 1.000

Por mucho que se agoten las ideas a la hora de presentarlos o de describirlos, los encuentros entre Roger Federer y Rafael Nadal se deberían repetir cada cierto tiempo, imprescindibles para entender el tenis de ahora. Casi dos años después, se rescató el superclásico en Basilea y con título de por medio, desnivelada la balanza a favor del suizo en un final agónico. 

Con 6-3, 5-7 y 6-3, Federer conquista su propio trofeo y frena la efervescencia de Nadal, al que se le debe aplaudir por una buena semana que le concede energía. Su final de curso anima a pensar en que hay más.

De hecho, hay tanto interés en que Nadal vuelva a ser Nadal que se montan portadas y tertulias cada vez que hace algo de lo que antes se daba por hecho. Resulta que el español, cuando parecía atrapado, se llevó el segundo set en la final de Basilea y se lanzaban las campanas al vuelo, más necesitado que nunca de un triunfo de peso. Este torneo no es de los gordos, pero sí la entidad de los rivales. Y qué decir de Federer, el mejor de siempre, pletórico incluso a sus 34 años porque se ha adaptado a todas las circunstancias. El helvético, en una tercera manga apretadísima, se llevó el gato al agua al romper en el noveno juego y ya no hubo más debate.

Pese a la mejoría, Rafael Nadal sigue lejos. Hay buenas noticias en este tramo de la temporada, pero cuesta quedarse únicamente en eso cuando se habla de un tenista con un palmarés de locos. En Basilea, salvando una semana llena de trampas, se plantó en la final y ya parece que con eso basta. Hay, sin embargo, muchísimo camino por delante ya que le faltó convicción en los momentos decisivos.

Federer no permite a Nadal levantarse en BasileaTodos los elementos que sazonaban la final concedían al suizo un favoritismo lógico. Los números de 2015, las formas, el recinto, el torneo, el escenario cubierto, la pista rápida... A Nadal únicamente le avalaba la estadística, pero ni siquiera con ese pasado es fiable y menos ante este Federer, que es una maravilla en torneos como en el de Basilea.

El encuentro, eso sí, se resolvió por pequeños detalles. De hecho, en el primer set hubo muchísima igualdad, pero Federer jugó con muchísimo más criterio los puntos decisivos. Impuso su estilo, intercambios rápidos para no dar ritmo a su enemigo, y rompió dos veces al español, poco resolutivo cuando le entraban los primeros. En 37 minutos, un 6-3 significativo.

Y fue Federer el que seguía mandando en la segunda manga. En su reinvención permanente, se expresó con muchísimas más soltura y puso en apuros al balear desde el inicio, incómodo por la presión de los golpes del genio. Demasiado atrás, y con impactos poco limpios, Nadal trataba de sobrevivir a su manera, un coloso en la entrega sin olvidar la vieja táctica de cargar todo el juego al revés del helvético.

Con todo, el mallorquín no tuvo ninguna opción de romper el saque del suizo en el segundo set hasta el 5-5, punto de inflexión que alimentó la esperanza. Hizo break Nadal, igualó el choque y parecía decidido a cazar su cuarto mordisco de 2015. Se quedó a medias.

Ya con 2-2 en el tercero y punto de break en contra, se salvó con un revés maravilloso, aliviado porque una rotura era definitiva. Y llegó en el octavo juego, que encima dejaba a Federer con 5-3 y saque para sentenciar. Confirmó a la segunda y alzó los brazos por séptima vez en Basilea, su torneo. A Nadal aún le queda.

Nuestro Equipo

S.O.S.

 
 
 

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