Martes, 28, 2017
   
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Kei Taniguchi, alpinista de oro

La única mujer premiada con el máximo galardón que concede el alpinismo, falleció el 22 de diciembre en un accidente de montaña

El mundo del alpinismo japonés y mundial llora hoy la muerte de Kei Taniguchi, famosa alpinista de aquel país que perdió la vida en un accidente de montaña en el Monte Kurodake (1.984 m), situado en la isla japonesa de Hokkaido. Taniguchi es la única mujer que ha recibido el Piolet d'Or a lo largo de la historia.

Kei Taniguchi desapareció el lunes, mientras escalaba el Monte Kurodake junto a cuatro montañeros más. Se trata de un domo volcánico en el macizo de Daisetsuzan, en las Ishikari Mountains, sierra localizada en la isla más norteña de Japón que en esta época del año se halla cubierta de nieve.

Fuentes policiales han informado que la alpinista de 43 años iba encordada durante el ascenso, igual que los otros alpinistas que formaban parte del grupo. Sin embargo, y por razones que no se conocen, se desencordó cerca de la cima y se alejó unos metros de sus compañeros. Las pruebas sugieren que cayó por una pendiente al noroeste del sendero. Por lo visto, se han encontrado marcas que sugieren que resbaló.

La operación de rescate se puso en marcha el martes por la mañana, y participaron en ella tanto sus compañeros alpinistas como la policía, con la ayuda de un helicóptero. El cuerpo de Kei Taniguchi fue hallado unas horas más tarde, sin dar señales vitales. Fue evacuada hasta el hospital de la ciudad de Asahikawa donde se confirmó su fallecimiento.

Everest y Piolet d'Or

Ceremonia de los Piolets d'Or 2009. Kei Taniguchi es la segunda por la derechaKei Taniguchi tenia una dilatada experiencia en montaña y un amplio historial de ascensiones. 

En 2007 coronó el Everest, aunque su actividad más celebrada fue la nueva ruta abierta en estilo alpino por ella junto a Kazuya Hiraide en la cara sureste del Kamet (7.756 m), en el Himalaya de Garhwal. La línea en cuestión, bautizada como Samurai direct, recorre 1.800 metros, con dificultades de hasta M5+ y AI5. La cordada invirtió siete días  de septiembre y octubre de 2008 en completar la ascensión.

Aquella realización les valió a Kazuya Hiraide y Kei Taniguchi uno de los tresPiolet d'Or que se concedieron en 2009, ex aequo con los también japonesesFumitaka Ichimura, Yusuke Sato y Kazuki Amano (cara norte del Kalanka) y los suizos Ueli Steck y Simon Anthamatten (cara norte del Tengkampoche). Kei Taniguchi se convertía así en la primera mujer en recibir un Piolet d'Or, y hasta ahora sigue siendo la única.

 
 

Kei TaniguchiNacida el 14 de julio de 1972, Taniguchi se asomó al alpinismo desde la literatura, admirando los relatos de la vida de un compatriota, el explorador Naomi Uemura, primer japonés en coronar el Everest, plantarse en el Polo Norte y ascender el Denali. La muerte de Uemura, en 1984, durante un intento al Denali en invierno, precipitó los sueños de Taniguchi, que estrenó en esa misma montaña su colección de grandes cimas. Fue en 2001, y para cuando regresó al campo base la japonesa ya había decidido dedicar su vida a las montañas. Nunca traicionó su decisión, y siempre antepuso el deseo de explorar montañas remotas a la simple búsqueda de la dificultad. Pero su enorme perfil técnico le permitió recorrer montañas olvidadas completando, al tiempo, complejas escaladas como en el Namu-nani-feng (7.694 m, Tíbet). El último número de la prestigiosa revista Alpinist homenajea a las grandes alpinistas del momento. En sus páginas figura Taniguchi: “Me atraen las alturas porque soy bajita (de esta manera puedo disfrutar del aire puro y vistas dominantes sobre cualquier otra Kazuya Hiraide y Kei Taniguchi en la cima del Kamet en 2008persona): imagina como me siento cuando estoy en el metro de Tokio, dentro de un vagón el cual esta lleno de gente más alta que yo, que no me dejan ver ni respirar). También me atrae el deseo de sentir el trabajo de la naturaleza sin artificios. En muchas cimas estoy obligada a ver lo pequeños e impotentes que somos los humanos comparado con el absoluto de lo salvaje. Pero al mismo tiempo me doy cuenta de nuestro potencial ilimitado, decido si enfrentarme a la dureza de la montaña o no, si subir o bajar, derecha o izquierda. Nadie me obliga. Nadie me lleva de la mano”.

Taniguchi pedía a las montañas volver “sana y salva, recibir experiencias bellas y aprender buenas maneras para poder esculpir” su propia vida.

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S.O.S.

 
 
 

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