Martes, 28, 2017
   
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Derrotado el Real Madrid

Lo del Camp Nou fue un espejismo. El Madrid volvió a la sensación acostumbrada de las salidas ligueras: el dominio incapaz, el ordenado flan.

Quiso cambiar de manera, salió a dominar. Nada que ver con la actitud reservona del Camp Nou. Dominio posicional, toque ligero y muchas llegadas. El primer cuarto de hora era convincente, aunque un poco blando de talones. El Wolfsburgo salía con su versión más seria, con el centro del campo muy poblado.

En el 13’, Benzema, que ya estaba cojo por un golpe, sentó a Dante con facilidad pero falló ante Benaglio. No era el día, luego fallaría un remate.

Draxler fue el mayor peligro alemán. Antes del penalti ya había avisado con una contra. Fino en el control, trazaba sus diagonales completamente solo.

En el 16’ volvió a hacerlo. Casemiro llegó como un jugador de zapatos grandes y aunque se quedó con el balón (lo busca como la coca el perro policía) tocó antes a Schurrle en claro penalti. Navas, imbatido, probó la hiel del gol. Rodríguez no lo celebró, como si ya se diese por fichado.

El Madrid había salido a dominar y el dominado se llevaba el trofeo. Estos roles ¿sirven para algo? Es como en el amor, tan legítimo es el dominio como la sumisión.

El Madrid se reblandeció un poco más. Se puso definitivamente poché.

El segundo gol también tuvo preaviso. El Wolfsburgo contragolpeaba, pero se le veía venir. Llegada de Arnold en el 22’, uy germánico, y dos minutos después, el gol.

La noche se estaba poniendo como aquella vez en Dortmund.

El Madrid se disolvía en un cóctel de autocomplacencia, imprevisión y contumacia. Draxler la recibía en la derecha y se iba en diagonal hasta la izquierda. Con Danilo hizo vainica, le hizo un regate que parecía un baile regional. Era otra noche en la que declarar Zona Catastrófica por donde Danilo, aunque, a decir verdad, estaba completamente abandonado. Dejado a su suerte. Danilo dejado a la suerte de Danilo, que es mucho dejar.

Bale era el único argumento del Madrid, pero Bale por la izquierda. Así que con Benzema cojo y Cristiano en lo alto del podio de la delantera, ¿quién tapaba la derecha?

Minutos malos del Madrid, solo Bale por la izquierda, centrando a nadie. Los balones cruzaban el aire provocando sucesivos saltos a destiempo, como un tío cruzando la fila del cine.

Draxler, Bale, Draxler, Bale... pero el Madrid perdía balones, telegrafiaba sus intenciones, y presionaba a ratitos. Cuando lo hacía, se veía el desastre potencial en Dante, que es lo peor de Marcelo sin nada de lo bueno.

Era Wolfsburgo, pero parecía Las Palmas, Granada, Málaga, otra de esas salidas del Madrid en la que empieza queriendo mandar y acaba reducido a un chirriante desconcierto. Es muy característico que la defensa empiece a dudar y los balones se regalen. El Madrid tiembla ordenadamente. La BBC, ya sin Benzema, volvió a un papel antiguo, estelar, alejada en su mirador. Volvió a ser estamento.

Este Madrid quizás sirva para esperar, contragolpear y estar muy tapado. Y para ir de víctima. Que le digan cosas feas y lo manejen. Ahí saca la bestia, su animal. ¡Ahí disfruta!

Porque de dominador acaba en la inopia. Es algo en su naturaleza. Hay quien fantasea con la dominación, pero, luego se le cae el látigo. Un 60% de posesión absurda.

Ni manda en provincias ni manda en Europa. Es de gritar en casa.

La segunda comenzó igual: pases de Bale por la izquierda. También prometía Kroos, muy insistente con el chut. Draxler asomó en el 54’ y ya no volvió a hacerlo. El Wolfsburgo presentaba una entereza y un temple casi muniqués. Guilavogui se crecía (parecía Vieira) y el árbitro pitaba a la europea, es decir, pitando lo mínimo. El Madrid parecía querer mandar, prolongaba la posesión, pero el partido estaba libre, indeterminado,¡cimarrón! Schurrle se veía más que Bale.

En el 68’, falló un gol cantado tras contra trasatlántica de Henrique.

Marcelo intentó un «busquets», pero muy mal, sin convicción dramática. Fue lamentable y provocó el enfado de Arnold, que sacó el carácter.

Isco entró a ver si ligaba la mayonesa del toque; le dio un pase fantástico a Cristiano, que falló, y fue enhebrando lo mejor del Madrid hasta que se enredó en sí mismo como de costumbre. Como un vestido de fiesta.

La Zona Catastrófica pasó donde Marcelo y el Madrid empezó a dar la peor de las sensaciones, la de incapacidad. Hasta saltó un espontáneo que trotó libérrimo por el campo, con esa alegría que quizás sea, después del gol, la mayor del fútbol.

El 2-0 empezó a ser mutuamente aceptado, como si ya se pensara en el argumentario de la zona mixta.

Nos esperan el «Espíritu de Juanito» y la «Remontada». Esto fue un «Infierno alemán». Y venimos de «El Madrid siempre vuelve».

Es como una ruta por un parque temático.

Nuestro Equipo

S.O.S.

 
 
 

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