Martes, 28, 2017
   
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Garbiñe Muguruza desbanca a Serena Williams y conquista su primer título de Roland Garros

La hispano-venezolana, de 22 años, vence a la estadounidense en la final (7-5 y 6-4, en 1h 43m) y levanta su primer grande.


Lo advertía una hora antes de la final el ilustre Manolo Santana, al que no suele fallarle en exceso el olfato en cuestiones que tengan que ver con un oficio en el que, en su país, abrió senda. “Hoy es el día, hoy es el día. Lo va a hacer, lo va a hacer”, decía en la zona destinada exclusivamente a los jugadores, mientras los familiares de Garbiñe Muguruza observaban una pantalla (padre y hermanos) o leían (madre). Y, como tantas otras veces, no falló Santana, porque la hispano-venezolana, 22 años, derribó (7-5 y 6-4, en 1h 43m) a la número uno, Serena Williams, e ingresó en la historia del tenis español por la puerta grande, con una victoria de máximo lustre en París.

Finalista el año pasado en Wimbledon y presente en la Copa de las Maestras de Singapur, donde firmó las semifinales, Muguruza ya tiene un nombre propio en el deporte internacional, después de vencer en un marco como el francés, ante una jugadora de tantísimo rango como Serena, que suma 21 Grand Slams y tres cetros parisinos.

Se coronó Garbiñe y lo hizo con una majestuosa exhibición de autoridad, marcando ella el paso y controlando la escena, de principio a fin. Tirando una puerta y abriendo otra que permite vislumbrar el futuro con mucho más optimismo. “Salí sin miedo, a morder”, precisó después, durante la ceremonia de la Chatrier, testigo todo el público de un relevo en el presente, aunque interpretado por los especialistas en clave de futuro. Porque Garbiñe, la arrolladora Muguruza, parece estar predestinada a escribir muchas más páginas de gloria. Tiene el hambre, el deseo; los recursos técnicos y un extraordinario porvenir. Todo, lo dice su gente, jugadoras y técnicos, depende de ella.

Para Williams, la meta de conseguir atrapar a Steffi Graf (22 títulos del Grand Slam) sigue siendo una verdadera quimera: no pudo hacerlo en Nueva York, el año pasado, ni tampoco esta temporada en Melbourne ni ahora en la Ville Lumière. Se quedó en los 21 majors y el orgullo herido, porque desde que triunfó en Londres el año pasado no saborea un gran título. Ayer, el manjar fue para Garbiñe, con un punto de suspense porque no sabía si esa última bola había entrado o no. Aterrizó dentro, dulcemente sobre la línea, y la protagonista rompió a llorar sobre la arcilla. París tiene una nueva reina. Puede el tenis mirar con optimismo al horizonte. Hay vida. El futuro, dicen, le pertenece a Muguruza.

Nuestro Equipo

S.O.S.

 
 
 

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