“¡Malvinas argentinas!”

 

“¡Malvinas argentinas!”
Un veterano argentino reza frente al memorial erigido en Buenos Aires a los muertos en las guerra de Las Malvinas, archipiélago del Atlántico Sur cuya capital es Stanley  donde vive casi todos los 3.500 habitantes 
 

Las 600.000 ovejas que habitan las islas Malvinas siguen campando a sus anchas. No entienden de virus humanos. Al igual que la ola contagiosa de hermandad que recorre el mundo no ha hecho mella en los conflictos latentes del planeta. La guerra de Siria no para, Trump sigue hostigando a Maduro y los malvinenses continúan desconfiando de los argentinos, que esta semana han celebrado que hace 38 años invadieron un archipiélago que consideran suyo. Para la población local, los kelpers, el 2 de abril es una fecha triste y, por el contrario, cada año conmemoran con un desfile el 14 de junio de 1982, día en que los británicos recuperaron el control tras una guerra absurda con 907 muertos entre los dos bandos.

Pese a estar encerrados en cuarentena, los argentinos no se han olvidado de reclamar la soberanía de las islas, aunque sin los actos ante los monumentos que en cualquier municipio recuerdan a sus 649 soldados muertos. El presidente Alberto Fernández, enfrascado en evitar el colapso sanitario y social del país, tampoco se olvidó. “Por historia, por geografía, por derecho, por sentimiento y por nuestros caídos y excombatientes. Hoy, como cada 2 de abril, reivindicamos nuestra soberanía y decimos, como siempre: ¡Malvinas argentinas!”, tuiteó el mandatario el jueves. La agencia MercoPress, que habitualmente defiende las posiciones kelpers tituló al día siguiente con ironía: “Argentina bajo cuarentena encuentra tiempo para recordar el inicio del conflicto de Malvinas”.

El peronismo intensifica la tenaz reivindicación sobre la soberanía del archipiélago británico

El retorno del peronismo a la Casa Rosada ha supuesto también el regreso de un estilo reivindicativo más agresivo sobre la soberanía de las Falklands –su nombre en inglés–, tras los cuatro años de gobierno del pragmático Mauricio Macri, que apostó por mejorar las relaciones comerciales y políticas con el Reino Unido. Fernández nombró al exministro kirchnerista de Educación, Daniel Filmus, como secretario de Estado de Malvinas.

Han pasado 38 años de una guerra absurda entre británicos y argentinos que dejó casi mil muertos

Unos días antes de la conmemoración por el inicio de la guerra, Filmus se comunicó con el embajador británico en Buenos Aires para ofrecer toda la ayuda de Argentina a los isleños mientras dure la pandemia. A través de un comunicado, Filmus especificó que la oferta de colaboración a los kelpers incluía “envío de alimentos frescos, insumos médicos o tests para detectar el virus causante de la Covid-19, así como disponer de los medios para realizar vuelos humanitarios que sean necesarios y lugares de atención en centros médicos del territorio continental argentino”. El gobierno autónomo de las Falklands ni siquiera agradeció el gesto. Se limitó a “reconocer” la oferta argentina y añadió que “si hubiera problemas que requieran de apoyo adicional, trabajaremos con el Gobier-no del Reino Unido”.

En el mismo sentido, Leona Roberts, una de los ocho miembros electos de la Asamblea Legislativa de las islas , afirma a La Vanguardia desde Stanley, la capital, que “la declaración del gobierno argentino es claramente política más que humanitaria” y que “es decepcionante que cualquier gobierno intente buscar una ventaja política de lo que es una crisis de salud global”.

Las Falklands son ya el único territorio del continente americano donde hasta ayer no se había confirmado la presencia del coronavirus, aunque Roberts explica “que nuestros médicos creen que es muy probable que el virus haya ingresado”. A pesar de estar situadas a 1.300 kilómetros de la Patagonia, las Malvinas reciben visitantes de todas partes del mundo gracias a la pesca –su principal industria– y el turismo, dos actividades ahora paralizadas. La mayoría de licencias pesqueras están en manos de empresas chinas y españolas, por lo que un buen número de los tripulantes de esos barcos acostumbran a ser de esos países, dos de los principales focos de la Covid-19. Por otra parte, hasta hace muy poco, cruceros de todo el mundo seguían atracando en el archipiélago durante la reciente temporada de verano austral.

Con unos 3.500 habitantes –la mayoría en Stanley–, más unos 1.300 militares apostados a 50 kilómetros, en la base de Mount Pleasant, las Falklands cuentan en la capital con un hospital que no es de alta complejidad, con 29 camas, siete respiradores y una decena de médicos. Sin embargo, las islas no tienen capacidad para realizar el test de la Covid-19: las muestras viajan a Londres en el puente aéreo, un vuelo militar bisemanal que ahora es la única conexión de las Malvinas con el mundo tras la suspensión de los dos vuelos comerciales semanales a Brasil y Chile. Esta semana retornaron de Londres los primeros 28 tests y todos dieron negativo.

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