Uzbekistán.”Los millones no dan la libertad”: Gulnara Karímova,

Los millones no dan la libertad
Gulnara Karímova, en una imagen del 2012, cuando grabó su primer disco con el nombre artístico de Googoosha (LV)

Corría el año 2010 y de los campos de algodón de Uzbekistán, vergonzoso escenario del trabajo forzado permitido por el Estado, surgía el escándalo. El cantante británico Sting perdía su aura humanitaria y tenía que ensayar una disculpa al conocerse que había asistido a un concierto organizado por Gulnara Karímova, poderosa como nadie en esas tierras de Asia Central por ser la hija mayor del entonces dictador del país, Islam Karímov.

La escena no era, sin embargo, extraña, porque en esa época Karímova pasaba por ser una exótica influencer oriental que usaba sin reparo el poder y los millones de su familia para intentar convertirse en una diva del pop, codearse con conocidas estrellas occidentales y organizar, además de conciertos, desfiles de moda en los que exhibir sus propios diseños, su línea de perfumes o de joyería. Además, era marca de su país y llegó a ser embajadora en España y representante ante la ONU.

Alternaba con Sting, Depardieu o Julio Iglesias hasta que perdió el favor de su padre en el 2014

Pero pasaron unos pocos años y, de la noche a la mañana, desapareció. El porqué todavía es un misterio del que hablan rumores y leyendas, pero detrás se intuyen intrigas palaciegas, odios familiares y lucha de clanes en la elite de esa exrepública soviética. El caso es que ni su intocable apellido (se la llegó a considerar posible heredera política de su padre) pudo protegerla. Perdió el favor paterno y fue detenida finalmente en el 2014.

En medio del secreto más absoluto, afronta desde el pasado enero su segundo (o tercer) juicio por corrupción. La princesa de Uzbekistán , de 47 años, intenta que el proceso no siga adelante y recuperar la libertad. Para conseguirlo, ha ofrecido al Gobierno de Shavkat Mirziyóyev, presidente del país desde la muerte de Karímov en el 2016, 686 millones de dólares congelados en una cuenta en Suiza.

La hija del exdictador Karímov ofrece su fortuna fuera del país si se anula su último juicio

En una carta escrita en ruso y publicada a finales de febrero en Instagram por su hija, Iman Karímova, residente en Londres, argumenta problemas de salud. “Para preservar mi familia y mi salud en buenas condiciones estoy dispuesta” a entregar esa suma al Estado “a cambio simplemente del cierre del caso, sin que haya un juicio público”, dice en ese mensaje público, pero dirigido a Mirziyóyev en una especie de petición de clemencia.

Los problemas judiciales de Gulnara Karímova comenzaron en el 2012 lejos de su país, cuando los fiscales de Suiza la implicaron en casos de lavado de dinero.

Este cuento moral, donde los protagonistas son la vanidad, la corrupción, la arrogancia o la avaricia, castigadas como moraleja con la pérdida del poder, siguió luego de puertas adentro. Ni siquiera se trataba de un escándalo nacional en Uzbekistán, sino de un asunto que se resolvía a puerta cerrada. En el funeral de Islam Karímov, a la hija mayor ni se la esperaba.

Lo que ocurrió se ha ido conociendo con cuentagotas. En el 2017, las autoridades uzbekas desvelaron que Karímova había sido condenada en el 2015 a cinco años de cárcel por corrupción y evasión de impuestos, y que recibió otra condena igual en el 2017. Esa pena fue luego rebajada a sólo cinco años de arresto domiciliario.

Su hija Iman dijo el año pasado en una entrevista a The Guardian que el primer juicio se celebró en la cocina del apartamento que su madre ocupaba en Tashkent, la capital uzbeka, adonde se trasladaron exprofeso jueces y letrados.

Desde marzo del 2019 vive en una prisión cerca de Tashkent por haber violado el arresto domiciliario. El pasado mes de enero, el Tribunal Supremo de Uzbekistán anunció el nuevo juicio contra Karímova “y otros”. La Fiscalía General había completado una investigación en la que aseguró querer recuperar 1.500 millones de dólares ocultos en el extranjero. Según la acusación, Karímova habría comprado de forma ilegal acciones de varias compañías cementeras estatales para posteriormente venderlas a empresarios extranjeros.

También registraron la mansión que tiene en Ginebra (Suiza). Los investigadores creen que Gulnara Karímova guarda en varias de sus propiedades obras de arte sacadas de Uzbekistán por valor de 33 millones de dólares.

Si se echa un vistazo a YouTube, aún se puede ver algún videoclip de Gulnara Karímova cantando con su nombre artístico, Googoosha. Y una búsqueda en Google nos puede llevar a su etapa más feliz, cuando era la reina de las fiestas y compartía en el escenario un Bésame mucho con Julio Iglesias, o cuando el actor Gérard Depardieu formaba parte de sus proyectos. No se puede descartar que en algún momento logre la libertad, pero aquellos tiempos ya no volverán.

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