Bob Dylan entrega, en plena crisis: la canción ‘Murder Most Foul’, lo más monumental de su carrera

En Diecisiete minutos, 1.376 palabras. Es un prolijo relato sobre el declive de Occidente: así es la gozosa obra del gran músico

Bob Dylan actuando en Hyde Park, Londres, el 12 de julio de 2019.
Bob Dylan

Al final del breve texto se intuye que Bob Dylan está en el mundo en el que vivimos todos. “Manteneos a salvo”, dice. Aunque luego se sale del carril: “Manteneos atentos y que Dios esté con vosotros”. ¿Atentos? Parece que el legendario músico se ha enterado de que hay un virus que está masacrando al planeta. Después de todo, le está impidiendo lo que más le gusta en este mundo, ofrecer conciertos. El texto lo publicó hace unas horas en su cuenta de Twitter. Es breve. Dice así: “Gracias a mis seguidores por vuestro apoyo y lealtad durante todos estos años. Esta es una canción inédita que grabamos hace un tiempo y que os puede resultar interesante. Manteneos a salvo, manteneos atentos y que Dios esté con vosotros”.

“¿Os puede resultar Interesante?”. Mientras las estrellas de la música están atiborrando sus cuentas de Instagram con conciertos acústicos trufados de chascarrillos, o componiendo temas que cuando se acabe la pandemia se olvidarán, Dylan (Minesota, EE UU, 78 años) ofrece la pieza más monumental de su carrera, por duración, por densidad lírica y por número de palabras. Murder Most Foul (que se puede traducir por ‘Un asesinato inmundo’) es, además, su primera canción nueva en ocho años, desde el disco Tempest, de 2012.

Son 1.376 palabras distribuidas en 16,56 minutos donde el cantante repasa acontecimientos y figuras icónicas de sus años más intensos, los sesenta y los setenta. Es la canción más larga de su carrera. El récord lo tenía Highlands, incluida en el disco de 1997 Time Out of Mind, con 16,31 minutos. Hay trampa: no es una canción que Dylan haya compuesto y grabado en el último mes, cuando nuestro mundo se volteó por el coronavirus. Probablemente sea un tema registrado hace relativamente poco (unos meses, unos años), porque canta con esa voz quebrada que ha exhibido en las últimas entregas y conciertos.

El largo texto arranca con el asesinato de John F. Kennedy (“Fue un día oscuro en Dallas, noviembre del 63./ Un día que vivirá en la infamia./ El presidente Kennedy estaba en lo alto/. Un buen día para vivir y un buen día para morir”) y luego recuerda grandes acontecimientos de la época, dibujando una dramática historia del declive de Occidente, ejemplificada en su país, Estados Unidos. “Libertad, oh libertad./ Libertad desde la necesidad./ Odio decirlo, pero solo los hombres muertos son libres./ Envíame un poco de amor, no me digas mentiras”, clama en uno de los versos más oscuros y bellos. Después de un retrato sombrío y cínico de la época, muestra una única salvación, la música, encarnada en los Beatles, John Lee Hooker o Patsy Cline.

El escritor y especialista en la obra Dylan Benjamín Prado subraya la relevancia de Murder Most Foul: “Dylan ha cerrado otro círculo. Nunca le gusto hablar, pero sí cantar hablando: empezó haciendo talking blues y ha acabado recitando poemas pop. Es una canción bellísima, que en el estilo homenajea quizá a Leonard Cohen y en la letra lamenta la caída de una época. Él habla de Kennedy, pero yo oigo ahí las muertes de Cohen, de Bowie, Tom Petty, Jerry García y dos de los cuatro Beatles”.

En un ambiente nocturno de mesa camilla, acompañado de un piano, unas suaves cuerdas y una melosa percusión de fondo, Dylan más que cantar, recita, perturba y exige al oyente una concentración gozosa inusual en estos tiempos de inmediatez. Una canción sensacional que se queda a poca distancia de sus obras maestras. Probablemente Dylan haya estado escuchando los últimos trabajos de Nick Cave y se haya inspirado ahí para componer Murder Most Foul . Y ese es un dato más para constatar que este hombre vive en nuestro mundo.

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