Louise Michel, la rebelle

Louise Michel, la rebelle de Solveig Anspach (2009) - UniFrance

«Cuidado con las mujeres cuando se sientan asqueadas de todo lo que las rodea y se subleven contra el viejo mundo, porque ese día nacerá el nuevo mundo». -Louise Michel (1830-1905) 

Louise Michel fue una mujer revolucionaria de la Comuna.Tras ser condenada levantar armas contra las tropas de Bismarck, primero, más tarde, de Versailles y ser encarcelada en la fortaleza de Rochefort, le deportan junto con otros muchos revolucionarios a la lejanísima Nueva Caledonia…mientras que en París el joven parlamentario Georges Clemenceau, infatigable, lucha en solitario por arrancar la amnistía de los comuneros.

Durante la deportación, Louise, maestra afín a Victor Hugo, tendrá una actitud ejemplar que le vale la admiración de todos. No sólo logra levantar la moral de sus copresidiarios sino que además se ocupa de los habitantes de la isla, los Kanaks.

Les enseña el francés, se interesa por sus costumbres, su idiosincrasia y apoya su rebelión. En aquel encierro caledoniano, Louise Michel se impone gracias a su personalidad. En París como en  Noumea, la historia de Louise es la historia de una rebelde.

El 11 de enero de 1905, murió Louise Michel, la anarquista que fundó la primer sociedad del mundo sin gobierno y sin patrones: “La Comuna de París”.

En 1871 reafirmó sus convicciones con estas palabras, pronunciadas mientras era juzgada por sublevarse contra la sociedad clasista y machista:

“No quiero defenderme, no quiero ser defendida; pertenezco por entero a la revolución social y declaro aceptar la responsabilidad de todos mis actos; la acepto sin restricciones y como sé que todo corazón que late por la libertad no tiene derecho más que a un poco de plomo, yo reclamo mi parte. Si me dejan vivir, no dejaré de buscar la venganza de mis hermanos. No me ofendan; no me degraden con un perdón que ni pido, ni necesito, ni merezco. He disparado junto con los que más han disparado y he luchado con los que más han luchado.”

Al salir de su último encierro, Louise se dedicó a propagar su ideal antiautoritario y a impulsar el anarcofeminismo por medio de sus periódicos y libros, hasta el momento de su muerte a causa de una enfermedad contraída en prisión. Más de cien mil obreras y obreros del mundo acudieron a su sepultura, convirtiéndose así en un símbolo mundial de las reivindicaciones proletarias y la liberación sexual femenina.

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