“¡Me llamo Gustavo Petro y quiero ser su presidente!”.

“Boyacá ha demostrado que es más importante una sociedad de campesinos, de cultivadores, que una de petroleros y carboneros”

Petro, el de correrías en solitario

Este es un “Retrato de la campaña de PETRO”, publicado por el diario derechista EL TIEMPO, de propiedad del hombre más rico de Colombia LIUIS CARLOS SARMIeNTO ANGULO, mejorada por nosotros,  a menos de un mes de la primera vuelta, para elegir al sucesor de Juan Manuel Santos en la Casa de Nariño:

La música se desata por los altoparlantes en la plaza de la Villa de Sogamoso. Algo de carranga, algo de música alegre mexicana cuyos ecos se estrellan en los avisos de la Pizza Nostra y del metal del monumento del Sol. La gente aplaude. Sabe que la frase de Petro es una señal de despedida y se abalanza en busca de una selfi, de que le salude al bebé, o de que le reciba un canastico con queso en hojas de palma.

También lo sabe su equipo de logística local, que se activa: se abren las puertas de las camionetas, encienden las luces. Alerta.

El discurso duró unos 90 minutos. Nadie le habló al oído. Apenas si se acercaron para darle agua o para ponerle una cachucha. La tarima estaba a reventar, pero Petro estuvo solo, solo frente a la multitud. En esos momentos, Petro es su campaña.

De la entraña de su organización dicen que por las carencias económicas el candidato viaja prácticamente solo, acompañado apenas de su equipo de seguridad y sin asesores que, entre tanto, se dedican a otras misiones. Los comités locales lo reciben y organizan los actos sin invertir grandes recursos. Eso sí, apenas Petro pisa la tarima, ya se empiezan a recibir notificaciones de redes sociales, fotos y videos desde dos drones que no lo desamparan.

“¡Viva Gustavo Petro Urrego, despidamos al próximo presidente de Colombia”, gritan en la algarabía. Pero Petro Urrego no se puede ir aún. Suenan los acordes del ‘cumpleaños feliz’ y los miles que lo escucharon se lo entonan con devoción, mientras agitan las banderas, incluidas las amarillo y verde de la Unión Patriótica (UP).

El candidato de la Colombia Humana se cala la ruana blanca con el logo de su movimiento, y se deja querer por los abrazos. Pero Petro Urrego no estaba de cumpleaños ese domingo. Fue el jueves 19 de abril, como el nombre de la guerrilla a la que perteneció: Movimiento 19 de abril (M-19).

“Gustavo Petro es la persona que realmente ve en una sociedad las raíces de los problemas. Cuando uno les aplica paños de agua tibia, esos problemas crecen y crecen. Él es el único candidato, desde que tengo conciencia política, que genera realmente soluciones inteligentes”, dice  Mónica Hernández.

Al lado del exalcalde de Bogotá están dos mujeres: las senadoras Gloria Flórez y Aída Avella, una de las pocas sobrevivientes del exterminio de la UP, que se nota feliz por la acogida, ya que es oriunda de Sogamoso, y también por la presencia de sus cercanos, que la saludan desde la multitud. Como la abuela Elena, que con un afiche aguanta muy quieta, de pie, el mensaje de Petro. Lo único que parecía movérsele eran sus aretes de plata con la imagen de la Virgen, y sus ojos conmovidos…

Gustavo Petro, candidato presidencial

En el aire, los drones revolotean para los videos.

“Espero que esta noche sí salgan en la TV las imágenes de esta plaza llena. No salieron las de Piedecuesta, ni las de Girón. Debe ser que estamos en otro planeta o los medios están ocultando la verdad de la Colombia Humana”, protesta Petro.

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Un locutor local comenta: “Duitama parecía de Duque; Sogamoso, de Vargas Lleras. No deja de asombrarme que esté viniendo tanta gente con Petro”.

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Sogamoso fue la última etapa de la gira de Petro por Boyacá, que se inició a mediodía el domingo 15 de abril en Chiquinquirá y pasó luego por Duitama. En los tres escenarios habló con sencillez de su propuesta de cobrarles un predial muy alto a los latifundios improductivos y de luchar contra una expresión que se inventó y que le cuesta pronunciar: los “meganarcoterratenientes”.

“Boyacá ha demostrado que es más importante una sociedad de campesinos, de cultivadores, que una de petroleros y carboneros”, dice. El mensaje suena a regaño, en una región con claves recursos mineros. Y lo que dijo después también parece salirse de su discreción en la crítica de lo que pasa en Venezuela y también para distanciarse de uno de los grandes cuestionamientos a su propuesta: “Con qué autoridad moral hablan de castrochavismo –grita Petro, como enojado– si están haciendo lo mismo que el señor Maduro, doblegando a los jueces para salvarse (…). Entre Maduro y Uribe no hay un solo grado de diferencia ni en las inteligencias ni en la manera de pensar”.

Gertrudis Salamanca, que logró agarrar la mano de Petro cuando ya estaba cerca de la camioneta para irse, dice convencida:

  “Yo voy a votar por él porque es el más boyacense de los candidatos. Yo sé que es costeño, pero él usa con orgullo la ruana, no nos tiene asco a los pobres y no roba ni deja robar”.   

Ese mismo cariño se vio en la ‘Chiquinquirá humana’ más temprano. Al llegar fue recibido, a pocos metros de la basílica de la Virgen patrona de Colombia, por un hombre longilíneo y de pelo y bigote cano que lucía una camisa negra bordada, como sacada de la moda que impuso otro autodenominado ‘progresista’, el ecuatoriano Rafael Correa, con sus blusas otavaleñas. Se trataba de Fabio ‘Hipólito’, un antiguo guerrillero del M-19, cercano a Carlos Pizarro en épocas del proceso de paz, que intentó llegar

al senado por el Partido Verde.

Su verdadero nombre es Fabio Mariño, y el ‘Hipólito’, dicen, fue un homenaje a Hipólita, la nodriza de Bolívar. Así como el alias de Petro en el M-19 era ‘Aureliano’, por el emblemático personaje de Gabo. Él lo condujo a la basílica. “¿Pero acaso Petro no es ateo?”, se preguntaron en el enorme corrillo a su alrededor. Al templo ingresó por una de las naves laterales. Estaban en misa. Y a pesar de que se pidió silencio, Petro entendió que sería imposible entrar a la nave central sin perturbar la celebración.

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