Saquen sus sucias manos del bosque

En el bosque (Facebook del autor)

La obra del poeta, leñador y ecologista Gary Snyder es un canto a la naturaleza

A cualquiera le entran ganan de gritar eso después de leer los ensayos y poemas de Gary Snyder. Este estadounidense creció en una pequeña granja familiar de la isla de la Tortuga. No la busquéis en el mapa. Hay un archipiélago en las Filipinas y al menos dos islas más con ese nombre: una en Venezuela y otra, la más famosa, en Haití (sí, la que fue un bastión de piratas y aparece en La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson).

Gary Snyder, que el 8 de mayo cumplió 90 lúcidos años, se refiere a la tierra como muchas naciones indígenas. La isla de la Tortuga . Este es también el título del libro que le hizo ganar el Pulitzer de poesía, traducido al castellano por José Luis Regojo para Kriller71 Ediciones. Aunque nuestro viajero de hoy es uno de los más grandes poetas vivos de Estados Unidos, ha sido mil cosas más. Peón forestal, novicio budista, referente de la generación beat y del movimiento hippie…

Secuoyas de California (Tuxyso / Own work)
Secuoyas de California (Tuxyso / Own work)

Nació en San Francisco y creció cerca de Lake City, al norte de Seattle, en el estado de Washington. Este fue el antiguo feudo del pueblo salish y el escenario de “la deforestación implacable de uno de los más imponentes bosques de todos los tiempos”, cuna de las coníferas más grandes del mundo, sólo superadas por las secuoyas de algo más al sur, como las del parque nacional Redwood. Se trata de una extensa área natural protegida, de más de 500 km2, una de las maravillas de la costa norte de California.

La comprobación de los daños irreparables que infligimos a la naturaleza convirtió a aquel joven en montañero, silvicultor, trabajador forestal temporal y defensor de la vida salvaje. Ha trabajado en las montañas y los bosques del Oeste, de AlaskaJapónTaiwán y Nepal, siempre en cuestiones relacionadas con la ecología, las especies amenazadas y las estrategias medioambientales. En esa época de su vida fue más feliz que Adán antes de la expulsión del paraíso.

Cuando era un joven mochilero (© San Simeon Films)
Cuando era un joven mochilero (© San Simeon Films)

Su existencia de aquellos años estaba marcada por las mochilas y los señores del bosque :cedros colosales, tsugas del Pacífico, abetos Douglas, pinos ponderosa… Recorrió valles donde las hierbas de la maza del diablo (Oplopanax horridus) son más altas que una persona. Se extasió en rincones umbríos con alfombras de musgo de 30 centímetros de espesor, entre bayas, frambuesas, matorrales de salal, zarzas de arce, adelfillas en flor…

Como a los italianos Mauro Corona y Paolo Cognetti, desde muy joven le llamaron las cumbres. Coronó casi todas las cimas importantes de su país. Algunas cuando apenas tenía 15 años, como la montaña Santa Helena, en el condado de Skamania, de más de 2.550 metros. Tras una de sus ascensiones dijo: “Presenciar el alba rosa por encima de las nubes, en una ladera helada y acompañado por el nítido tintineo de los crampones, es un placer esotérico y una transformación iniciática”.

Un rincón del parque nacional de Redwood (Tony Webster / WC)
Un rincón del parque nacional de Redwood (Tony Webster / WC)

Pero la belleza de la naturaleza no puede hacernos olvidar cuánto mal le hemos hecho, de la misma manera que “la belleza de Moby Dick no puede obviar el terrible fantasma de la extinción de las ballenas”. En 1952 y 1953, Gary Snyder trabajó como vigía en la cordillera de las Cascadas, que abarcan desde la provincia canadiense de la Columbia Británica hasta los estados de Washington, Oregón y California. En 1954 solicitó el traslado al parque nacional del monte Rainier. Y entonces le alcanzó la tormenta.

Cuando estaba a punto de incorporarse, fue víctima de las purgas del macartismo. Lo despidieron por sus contactos en el Industrial Workers of the World, un histórico sindicato anarcosindicalista fundado en Chicago en 1905. Y, por si fuera poco, muchos de sus amigos (“soldados del descontento”, los llama en un poema) fueron acusados de comunistas y “actividades antiamericanas”. Antiamericanas, no antiestadounidenses. Gary Snyder también denuncia que un país se apropie del nombre de un continente.

De joven y de mayor (© San Simeon Films)
De joven y de mayor (© San Simeon Films)

Por eso siempre dice que nació en la isla de la Tortuga, recuperando un mito común en muchos pueblos amerindios, que equiparan la tierra con el caparazón de este animal. Era su forma de criticar que la América por antonomasia sea la de Estados Unidos y la de gentes como el senador Joseph McCarthy. ¿Acaso Guatemala, Bolivia o Ecuador no son también América? ¿Por qué han de añadir apellidos a su nombre? Hispanoamérica, Latinoamérica… Como no hay mal que por bien no venga, la caza de brujas de los años cincuenta alumbró a un nuevo Gary Snyder.

Su fin como trabajador estacional para el Gobierno impulsó aún más su pasión por ampliar horizontes. Hizo autoestop hasta la reserva india de Warm Springs, en el extremo del estado de Oregón, donde trabajó para una compañía maderera al servicio de la comunidad tribal. ¿Se puede ser leñador y ecologista? Sí, él es la prueba. Las talas, cuyos beneficios se repartían entre los indios, eran selectivas y respetaban árboles semilleros sanos, entre los que circulaban los tractores oruga con extremo cuidado, sin descortezarlos.

Con su primera esposa, la poeta Joanne Kyger (© Stanford University)
Con su primera esposa, la poetiza Joanne Kyger (© Stanford University)

Luego vendrían el budismo y el estudio de las grandes lenguas de Asia oriental. Recorrió el mundo y vivió muchos años en monasterios de Japón. En este país conoció a la primera de sus tres esposas, la poeta Joanne Kyger (1934-2017). Ha publicado una treintena de libros, traducidos a más de 20 idiomas. Su influencia cultural fue y es enorme en Estados Unidos. Sin su figura no se entenderían la generación beat y el movimiento hippieJack Kerouac se inspiró en él para Los vagabundos del Dharma (así lo reconoció Anagrama, que ilustró con su foto la portada de la novela).

Los lectores en castellano y catalán también pueden leer a Gary Snyder en sellos como Quid Pro Quo, Tushita, Árdora y Varasek. Esta última editorial tiene en su catálogo dos de sus títulos fundamentales, La práctica de lo salvaje Viaje por la India . Dos excelentes oportunidades para conocer a un autor galardonado con el Pulitzer (1975), el American Book Award (1984), el Bollingen (1997) y el Ruth Lilly (2008), entre otros premios.

En la universidad (Fett / Flickr)
En la universidad (Fett / Flickr)

Sigue en activo a sus 90 años. Es un joven nonagenario. Otros a su edad se sentirían como mudos que quieren gritar “¡Fuego!”. Su voz, sin embargo, tiene hoy más fuerza que nunca. Clama contra los “asesinos del bosque” y “las multinacionales partícipes de la deforestación de los trópicos”, a las que cita con nombres y apellidos. Detrás de esas compañías, denuncia, hay “hombres y mujeres vestidos de forma impecable, con la exquisita educación de las mejores universidades, que comen manjares de primera y leen literatura culta”.

Son las mismas personas que “orquestan las inversiones y la legislación que arruinarán el mundo”. Para ellos, un bosque es una forma de ganar dinero. Para él, es “un palacio de organismos, un cielo para muchos seres, un templo donde la vida investiga a conciencia su propio rompecabezas”. Esos reinos verdes tardaron océanos de tiempo en crecer y algunos han desaparecido en un parpadeo, a raíz de “la brutal tala rasa que ha devastado la costa del Pacífico, desde Alaska hasta la desembocadura del río Kern de California”.

En el bosque (Facebook del autor)
En el bosque (Facebook del autor)

No pide quimeras. A Gary Snyder le gustaría que las economías capitalistas fuesen “al menos lo bastante capitalistas como para controlar que las multinacionales madereras paguen un precio justo”. Eso y que no olviden que “los árboles son más valiosos en pie que como leña, entre otras cosas, para evitar las catastróficas consecuencias de la deforestación y el calentamiento global, como las inundaciones que destruyen vidas en Bangladesh y Tailandia, o que causan la extinción de millones de especies de animales y plantas”.

Muchos de nosotros hemos vivido cobijados por muebles y vigas de madera. La verdadera quimera es pretender que nuestros biznietos sigan haciéndolo. A este ritmo, “los bosques desaparecerán”. Un árbol caído en el monte tarda los años que ha vivido en desintegrarse y volver por completo a la tierra. “Si las sociedades pudiesen aprender a vivir a ese ritmo, no habría escasez ni extinciones. Los arroyos estarían limpios y los salmones retornarían a desovar”. Lo dice un hombre sabio, un poeta de 90 años. Sí, si las sociedades pudiesen aprender…

Sin entorno natural no hay camino, y sin camino no puede haber libertad”

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