LIVERPOOL 4 – BARÇA 0. Anfield dinamita al Barça

Anfield dinamita al Barça
La soledad de Messi en Anfield

El conjunto barcelonista se hunde ante un Liverpool desatado y se queda sin final

El Liverpool devoró al conjunto de Valverde. El sueño de la Champions se marchó por el sumidero en una noche de pesadilla en el que el Barcelona quedó roto, por los suelos, noqueado y en la lona. Al equipo de Klopp le faltaban dos estrellas pero la fe la mantuvieron siempre al máximo para protagonizar un partido que alimentará la leyenda de su gente para siempre. Como en Roma la pasada campaña el equipo blaugrana no supo estar a la altura de lo que requería el partido pero, a diferencia de entonces, fabricó hasta siete ocasiones que no supo materializar antes de que el encuentro y la eliminatoria se marcharan al traste.

Llegar a semifinales nunca puede ser un fracaso pero quedar fuera de esta forma sonrojante provoca de nuevo un terremoto en el Camp Nou. La debacle deja retratados a futbolistas sin ningún carácter como Coutinho y volverá a señalar a Valverde pero lo cierto también es que ni Messi ni Suárez tuvieron la puntería que hubiera llevado al Barça a la final. Para el crack argentino, tras tener este trofeo entre ceja y ceja toda la campaña, es una decepción mayúscula pues ni él ni el equipo supieron hacer bueno el fabuloso 3-0 de la ida. También se puede acordar la parroquia barcelonista del gol que falló Dembélé en la ida pero el desastre se produjo en la vuelta.

Este fiasco seguramente hará pensar en cambios este verano

Este fiasco seguramente hará pensar en cambios este verano para intentar asaltar de una vez una Champions que se ha escapado demasiadas veces en esta era de Messi. Madrid no verá una caravana barcelonista sino una roja del Liverpool, que ya espera rival, el Ajax o el Tottenham.

El partido fue una auténtica fiebre desde el segundo uno. Con el estadio enardecido y el público levantándose cada vez que el Liverpool traspasaba la medular el espectáculo dentro y fuera del césped era supremo. Prometió Valverde que su equipo saldría a atacar y apostó por el mismo once que en la ida, con tres delanteros y Arturo Vidal multiplicándose como un jabato. Pero antes de que el Barça pudiera si quiera musitar esta boca es mía ya se había plantado el conjunto inglés en las inmediaciones de Ter Stegen.

No estaban Salah ni Firmino pero Mané, esa centella, se convertía en una pesadilla por el flanco de Sergi Roberto y desde allí desequilibraba y comenzaba a llevar de cráneo al Barcelona. En este inicio la centrifugadora del Liverpool y su fuego a discreción pusieron al equipo blaugrana cuerpo a tierra. Aquella presión era compleja de aguantar y Jordi Alba cometió un error que rentabilizaron los de Klopp. El balón lo rescató Mané, que combinó con Henderson. El capitán “red” probó fortuna y su remate lo desvió Ter Stegen pero la pelota quedó muerta y Origi, el sustituto de Firmino, empujó a las mallas.

Anfield se venía abajo con un sonido estruendoso y al Barça la noche se le complicaba muy pronto. Sin embargo, la respuesta futbolística del equipo de Valverde transmitió personalidad, a diferencia de lo que pasaría en la segunda mitad. Los barcelonistas empezaron a rasear el balón, a hacerlo bascular de un costado al otro y se apercibieron de que había no espacios, sino latifundios a la espalda de la defensa del Liverpool, enfrascado en una ofensiva sin cadena. Por ahí se le entreabrió el cielo al conjunto azulgrana, pero Alisson, muy acertado, se lo cerró.

El portero brasileño desbarató un primer intento de Messi, que gozó de cuatro oportunidades hasta el entreacto. En la siguiente Alba, completamente solo en el área, quiso buscar a su socio y el argentino vio como su recorte era desactivado por Matip.

El Barça había tenido sus momentos, con Vidal recuperando balones y ganando muchos cuerpo a cuerpo, con Busquets y Rakitic manejándose con inteligencia y con Suárez haciendo de boya. Claro que a la mínima el Liverpool salía a la carrera, Origi daba problemas, Mané quería ser indetectable y Henderson y Robertson disparaban. Un tiro del primero lo abortó con la testa un Piqué magnífico al corte. Un cacao del segundo fue contestado con una manopla de Ter Stegen.

El encuentro sólo paraba cuando distintos problemas físicos lo detenían porque con el balón en juego el envite se convertía en una discoteca, en una danza infinita, nada que ver con una balada y sí con un concierto de Metallica. Porque para añadir épica al decorado el colegiado permitía los contactos en ambos bandos y para que hubiera una falta debía mediar patada o manotazo. Tal nivel de intensidad superaba a algún jugador, como Coutinho, de nuevo pálido en su fútbol en su regreso a un estadio en el que triunfó. El brasileño tuvo una oportunidad magnífica pero Alisson adivinó sus intenciones.

Aunque no contaba con el brillo del brasileño el Barcelona volvió a rozar el empate al borde del descanso con otro chut de Messi y con un balón filtrado del argentino a Alba, que se topó con el guardameta del Liverpool. Cómo se acordarían después de esas oportunidades.

Había merecido más el Barça pero se presentaba una segunda mitad de emociones, aunque la ventaja en la eliminatoria seguía siendo azulgrana. Por muy poco tiempo porque el mundo se le vendría encima al Barcelona. Después de una ocasión marrada por Luis Suárez llegó la hecatombe blaugrana. Tremendo. Con un protagonista inesperado como Wijnaldum. Coutinho dejó un balón dividido, Alexander Arnold le ganó la partida a Alba, blando, y Wijnaldum conectó el segundo. Esta vez el Liverpool no le dio tiempo al Barcelona para levantarse, y el centrocampista holandés firmaría su doblete al rematar con la testa, solo un par de minutos más tarde.

El equipo de Valverde ya hacía aguas por todos lados y el entrenador trató de coserlo recurriendo a Semedo por el lamentable Coutinho. Un cambio de dibujo (4-4-2) que no sirvió para nada porque el Barça ya estaba muerto tras el directo a la mandíbula y el gancho al estómago que había recibido. Messi ya no entraba en juego, hundido, y nadie tomaba las riendas de la reacción.

Buscó otra solución Valverde y sacó a Arthur por Vidal pero el Barça siguió naufragando hasta la jugada del cuarto gol. Con los barcelonistas hablando entre ellos de espaldas a la jugada Origi, libre de toda marca, provocó la euforia total en las gradas.

Lo impensable estaba a punto de suceder. El naufragio quedaba ya un paso. El Barça se encomendaba a un Iniestazo pero Anfield no fue Stamford Bridge. Ni el 7 de mayo, día en que el Barcelona perdió la triste final de Sevilla en 1986, fue el 6 de mayo. El golpe es de dimensiones gigantescas.

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